20/07/2022
El escritor que respiraba fútbol
Por Ariel Scher
A las once de la noche de un miércoles de invierno, un cuerpo de laburante solo sabe de cansancios, de hambres y de apuros por volver a casa. Salvo que florezca el asombro. Y que el asombro se llame Fontanarrosa.
Porque es Fontanarrosa, Roberto Fontanarrosa, rosarino hasta en los silencios, crack en zapatillas Flecha, barba célebre y desacomodada, piernas angostas cruzadas frente a un televisor que mezcla imágenes y manchas, quien aparece frente a los ojos de ese laburante que, a las once de la noche de un miércoles de invierno, no puede creer lo que ve. Ese laburante ejerce de periodista, trata de enhebrar páginas de economía y, a punto de irse, casi de fugarse de la redacción, con las energías exiguas que no entiende cómo conserva, advierte su corazón galopante, verifica cinco veces si Fontanarrosa realmente es Fontanarrosa y suelta, desbordado y feliz, un sustantivo propio: «¡Fontanarrosa!».
El Negro, un dulce, oye el eco de su apellido achicando apenas la atención que le suscita el partido de fútbol entre unas selecciones juveniles de Venezuela y Perú que, mitad imágenes y mitad manchas, ofrenda la pantalla que lo tiene prisionero. Y, como si todo o como si nada, le dirige la voz a su interlocutor:
–¿Qué hacés, viejo? Interesante este partido. El 3 de Perú, si aprende a cerrar con la derecha, va a llegar lejos. Lo vengo siguiendo desde hace tiempo.
Entonces, no hay cansancios ni hambres que valgan. El laburante se pellizca para cerciorarse de que su sueño de las once de la noche no transcurre ya sobre la almohada. Fontanarrosa es Fontanarrosa, ese señor al que lee como se lee a las biblias y de quien se siente deudor de un millón de carcajadas, le comenta precisiones sobre un jugador aún ignoto. Todo plan de retorno al hogar se pospone. Y se queda charlando de marcadores de punta ahí, en ese rincón del mundo que, en ese rato, es lo mejor del mundo.
(El resto de la nota acá: https://accion.coop/deportes/el-escritor-que-respiraba-futbol/)