21/08/2026
Hay algo que empieza a ser preocupante en el Jiu Jitsu: cuando la palabra libertad se convierte en la excusa perfecta para no tener valores, compromiso ni pertenencia.
Se habla mucho de “hacer lo que uno quiere”, “ser libre”, “no deberle nada a nadie”. Perfecto. Pero una cosa es la libertad y otra muy distinta es la falta de principios disfrazada de libertad.
El Jiu Jitsu no nació para ser un producto de consumo rápido, una vidriera de egos ni un lugar donde uno aparece cuando le conviene, se lleva lo que necesita y desaparece cuando deja de ser rentable.
Hay algo que se llama pertenencia.
Hay algo que se llama lealtad.
Hay algo que se llama respeto.
Y también existe algo bastante antiguo: gratitud.
Cuando todo se reduce a “pago mi cuota, entonces hago lo que quiero”, el Jiu Jitsu deja de ser una disciplina y empieza a parecerse a un gimnasio más. Cuando el profesor se transforma en un proveedor de servicios, el compañero en un recurso para entrenar y la academia en un simple lugar físico, se pierde lo esencial.
Y ahí aparece la prostitución del arte: tomar todo lo que el Jiu Jitsu puede dar —conocimiento, cinturones, contactos, prestigio, identidad— sin asumir ninguna de las responsabilidades que vienen con pertenecer a una comunidad.
No se trata de obediencia ciega.
No se trata de idolatrar profesores.
No se trata de prohibirle a nadie ser libre.
Se trata de entender que la libertad no elimina las consecuencias ni las obligaciones morales.
Uno puede ser libre de irse.
Libre de elegir.
Libre de cambiar de academia.
El jiu Jitsu es para todos, pero no todos son para el Jiu Jitsu.
A.Celesia Faixa Preta RALPH GRACIE JIUJITSU - MDP / CORAL BJJ STUDIO