29/05/2026
Pasamos gran parte de la vida pidiéndole cosas al cuerpo.
Que siga aunque esté agotado.
Que sonría aunque por dentro duela.
Que aguante el estrés, las exigencias, los silencios y las emociones que muchas veces ni siquiera sabemos nombrar.
Y aun así…
cada día vuelve a levantarse con nosotrxs.
Tu cuerpo estuvo presente en cada versión de vos.
En tus momentos más felices.
En las pérdidas.
En los cambios.
En las veces que sentiste que no ibas a poder más.
Y aunque tal vez no siempre lo trataste con amor…
él siguió sosteniéndote igual.
Guardó lágrimas detrás de respiraciones profundas.
Se tensó cuando la mente no podía más.
Te habló a través del cansancio, del dolor, de la ansiedad…
pero muchas veces aprendimos a ignorarlo.
Nos enseñaron a corregirlo antes que a escucharlo.
A exigirle antes que agradecerle.
Y quizás sanar también tenga que ver con eso:
con volver a habitar el cuerpo desde un lugar más amable.
Hablarle con ternura.
Darle descanso sin culpa.
Moverlo desde el amor y no desde el castigo.
Nutrirlo entendiendo que merece cuidado, no exigencia constante.
Porque tu cuerpo no vino a ser perfecto.
Vino a acompañarte en esta experiencia humana.
Cada cicatriz cuenta algo que atravesaste.
Cada marca habla de una historia.
Cada respiración sigue siendo prueba de vida.
Y aunque todavía haya partes tuyas que te cueste aceptar…
eso no significa que no merezcan amor.
No necesitás esperar a “verte mejor” para empezar a tratarte con respeto.
No necesitás convertirte en otra persona para sentirte valiosx.
Tal vez hace mucho tiempo estás siendo demasiado durx con vos mismx.
Comparándote.
Exigiéndote más y más.
Sintiendo que nunca alcanza.
Pero el cuerpo no necesita perfección para ser digno de amor.
Necesita presencia.
Paciencia.
Descanso.
Compasión.
Necesita que vuelvas a escucharlo.
Que hagas las paces con tu reflejo.
Con tus procesos.
Con la persona que fuiste mientras intentaba sobrevivir con las herramientas que tenía.
Y quizás hoy puedas mirarte distinto.
No buscando defectos.
No buscando algo para cambiar.
Sino simplemente reconociendo todo lo que tu cuerpo hizo por vos hasta acá.
Y decirle, aunque sea una vez y de verdad:
“Gracias.” 🤍