08/08/2020
El tenis, la pandemia y el poder
Es indudable que durante la pandemia el tenis fue discriminado y que la ignorancia es peor que la enfermedad.
El virus que azota el mundo nos encontró con tiempo suficiente para priorizar las medidas necesarias y tratar de imponer un plan para que sea lo menos dramático posible en lo social, lo anímico y lo económico.
Una generación que vivió sin haber experimentado nunca los horrores de la guerra, la discriminación n**i, la gripe española u otras tragedias de la historia, está comenzando a ser consciente de los valores esenciales que nos dio la vida y que necesitamos defender.
No poder abrazar a un ser querido es como amputarte un brazo. No poder verlo cuando más te necesita es un desgarro al corazón. No poder trabajar para ganarse el pan es dramático. Todas estas nuevas sensaciones y otras han sucedido ante la presencia del virus.
El gobierno como fuente de poder es el que toma decisiones que afectan a todo el pueblo, ricos, pobres, políticos, mendigos…
Cuando el gobierno en el mes de marzo anunció el aislamiento total por dos semanas presentí que en la ciudad de Buenos Aires, esto iba a perdurar hasta setiembre como mínimo.
Las precauciones eran y son necesarias para prevenir un mal peor, pero a los gobernantes les ha faltado tacto en cuanto al respeto ajeno, a valorar sus sentimientos, a conocer sus diferencias y sus necesidades.
Es una consecuencia lógica del desmoronamiento cultural y económico de un país que ha sido engañado por todos los gobiernos de turno, a través de los años, siempre con mayor intensidad. Cada vez estamos más inmunes a enfermedades como la mentira, la corrupción, los intereses del poder, los fanatismos sectoriales y a una lista tan larga y eficiente como el cáncer.
Vuelvo al tenis. Año 2012 Juegos Olímpicos de Londres.
Fui como delegado del equipo argentino de tenis que convivió en la villa olímpica con el resto de las delegaciones de otros deportes. Las autoridades del Comité Olímpico Argentino que estaban conviviendo con nosotros y a cargo de la organización no sabían inglés. Algunos de ellos eran deportistas que habían logrado destacarse en su deporte años. Con el pasar de los días
noté que trataban a los tenistas como si fueran sapo de otro pozo quizá porque el evento de tenis se jugaba en la catedral del tenis, Wimbledon, ese ícono viviente que aún mantiene ciertos rasgos aristocráticos de la tradición inglesa.
Cada vez que tenía que pedir entradas para ir a ver a otros deportistas argentinos jugar al basquetbol, al hockey u otros eventos me sentía incómodo. Percibía un trato diferencial, como si el tenis fuera un deporte de ricos, sin esfuerzo, algo que cae del cielo como la lluvia.
Un día confronté a una mujer deportista que formaba parte del núcleo del comité y le expliqué con énfasis que los jóvenes jugadores tenistas entrenan entre dos y cuatro horas, todos los días desde muy temprana edad y que comparado con otros deportes, lo consideraba más difícil y que era hora de que lo supiera. Esa semana Argentina aún no había ganado ninguna medalla y el tenis comenzaba su evento. Los jugadores de básquetbol venían a vernos y Juan Martin del Potro por su altura y afinidad se hizo muy amigo. Las semifinales entre Murray-Djokovic y Federer –Delpo fueron partidos espectaculares. La catedral del tenis vivió momentos de magia. Delpo tuvo a Federer al borde del KOT jugando su mejor tenis. Solo el suizo en su superficie favorita podía escapar y lo logró por un histórico ¡¡¡ 3/6 7/6 19/17 !!!
El sueño de una medalla de oro o plata se evaporó esa tarde. Era imprescindible que Delpo se sobrepusiera a la desilusión de haber perdido y que jugara al día siguiente con Djokovic por el bronce. Así lo hizo, venciendo al serbio por 7/5 6/4 en un partido difícil para ambos en lo anímico. Logrando ante el jubilo y la necesidad de los dirigentes la primera medalla argentina de esos juegos. Una experiencia única e intransferible.
Vuelvo a la pandemia. La ignorancia es la peor enfermedad. No permitir que el tenis sea practicado con las precauciones obligatorias por dos jugadores es inverosímil. La AAT hizo lo adecuado presentando el protocolo necesario pero el poder político ignoró su pedido por una cuestión de ‘gesto’. Numerosas familias que dependen del tenis para sobrevivir siguen sin trabajo, mas allá de la gente que quiere jugar al tenis ‘por razones recreativas’, además de su salud física y mental.
Esta discriminación típica de la oligarquía política, es incomprensible.
No importa que dentro de unos días o semanas se pueda jugar y que los responsables de ello se adjudiquen el mérito. Acá hubo ineficiencia y falta de confrontación. Los profesores no tienen gremios, no tienen seguro social en caso de enfermedad, no tienen nada…
Es hora de que se junten y cambien las reglas. Los grandes campeones en general han sido en su mayoría de carácter humilde: Pancho González, Pancho Segura Cano, Alex Olmedo, Manuel Santana, muchos de ellos recogedores de pelotas o pertenecientes a barrios marginados. La lista es infinita y lo seguirá siendo porque así es el deporte y así son las oportunidades. El trabajo y la pasión siempre paga.
Ojalá esta pandemia ayude a despertar a los que están dormidos, cosa que no creo, pero al menos vale la pena intentarlo. No dejemos que enfermedades letales como la mentira, le hipocresía, la corrupción, y las ansias desenfrenadas del poder autoritario sigan creciendo.
Discriminar al tenis ha sido un acto populista.
Último, pero no por ello menos importante, quiero recordar unas palabras de Luis Alberto Spinetta.
"Quien lo haya leído a Artaud no puede evadirse de una cuota de desesperación. Para él la respuesta del hombre es la locura; para Lennon es el amor. Yo creo más en el encuentro de la perfección y la felicidad a través de la supresión del dolor que mediante la locura y el sufrimiento. Creo que sólo si nos preocupamos por sanear el alma vamos a evitar distorsiones sociales y comportamientos fascistas, doctrinas injustas y totalitarismos, políticas absurdas y guerras deplorables”. Gracias Luis.