21/11/2025
En las ultimas semanas han surgido comentarios sobre la academia, que mas que aportar algo, incomodan. Una preocupación repentina, casi poética, considerando que la academia funciona exactamente en el mismo lugar, con los mismos horarios y la misma forma de trabajar desde hace 23 años. Veintitrés años en los que la convivencia fue tan natural como la música que nos acompaña.
Lo llamativo no es la inquietud en sí, sino la precisión coreográfica con la que aparecieron rumores y movimientos que jamás fueron necesarios en más de dos décadas. De pronto, como si alguien hubiera dado la señal, algunas voces descubren que la música suena. Una epifanía tardía, pero sorprendentemente bien sincronizada.
Es admirable —en un sentido casi artístico— ver cómo ciertos sectores encuentran inspiración súbita para “organizarse”, “preocuparse” y “movilizarse” justo ahora, cuando durante años un diálogo respetuoso siempre fue suficiente. Porque cuando el conflicto no existe, hay que inventarlo. Y cuando la danza molesta, rara vez es por el sonido.
Durante estos 23 años, cada vecino que tuvo una inquietud se acercó, habló y se resolvió. Sin intermediarios, sin dramatismos. Lo que hoy se presenta como un escándalo inminente nunca lo fue. Hasta ahora.
Porque cuando algo aparece tan de golpe, tan orquestado y tan funcional a ciertos intereses, es muy difícil creer que se trate realmente de la danza. Las intenciones, en cambio, sí que hacen ruido. Y mucho.
MIENTRAS TANTO, NOSOTROS SEGUIMOS HACIENDO LO QUE HACEMOS DESDE HACE MÁS DE DOS DÉCADAS: FORMAR BAILARINES, SOSTENER UN ESPACIO CULTURAL QUE ES IDENTIDAD, ACOMPAÑAR A JÓVENES Y CONSTRUIR COMUNIDAD, SIN SOMBRAS. LA DANZA NO DIVIDE; AL CONTRARIO, UNE. LAS SOMBRAS, EN CAMBIO, SIEMPRE NECESITAN RUIDO PARA EXISTIR.
A quienes de verdad deseen dialogar: nuestras puertas siguen abiertas como siempre.
A quienes buscan fabricar malestar, dividir a los vecinos o usar el nombre de la academia para agendas que nada tienen que ver con la cultura: también los reconocemos, aunque cambien de tono, estrategia o disfraz.
La elegancia no implica ingenuidad.
El respeto no implica sumisión.
Y el silencio no implica que no entendamos lo que está pasando.
La historia de esta academia pesa más que cualquier intento de desgaste. Veintitrés años no se mueven por rumores, ni por estrategias que, por más sutiles que pretendan ser, se notan desde lejos.
Un Proyecto con raíces verdaderas no tambalea por maniobras improvisadas.
Una comunidad que creció con la danza no se deja usar como herramienta.
Y LA CULTURA —LA VERDADERA— NO RESPONDE A INTERESES PASAJEROS.
Dejemos algo claro:
no es el bombo el que retumba.
Son las intenciones.
Y esas, cuando quedan expuestas, suenan más fuerte que cualquier compás.
LA ACADEMIA NO SE APAGA.
NO RETROCEDE.
NO SE ESCONDE.
BRILLA. Y CUANTA MÁS LUZ HAY, MÁS NÍTIDAS SE VUELVEN LAS SOMBRAS QUE INTENTABAN PASAR DESAPERCIBIDAS.