04/05/2026
OM, un sonido que recordamos.
Antes de pronunciarlo, ya está.
En la respiración que se expande.
En el espacio que sostiene al cuerpo.
A — U — M
como un proceso y como un pulso:
creación, continuidad y disolución.
Cuerpo, energía y mente.
Lo que nace, lo que permanece, lo que se transforma.
Y luego…
el silencio.
No como ausencia,
sino como ese fondo abierto
—lo que muchas tradiciones llaman vacío—
donde todo vibra y puede surgir.
Cantar el OM no es buscar hacerlo “bien”.
Es dejar que el cuerpo se vuelva resonancia, es habitarlo...
Tres veces,
como quien toca una puerta
que siempre estuvo abierta.