02/06/2019
Es erróneo decir que hay que enseñar a andar en bici. Cada uno debe descubrir por sí mismo cómo hacerlo. Ni rueditas ni gente que sostenga ayudan; más bien retardan el aprendizaje. Sólo se trata de experimentar el equilibrio por uno mismo.
La medida del cuadro debe ser la correspondiente a la talla de la persona e incluso más chica, pero nunca mayor.
La altura del asiento, para empezar, debe permitir que la persona pueda sentarse y apoyar cómodamente los pies en el piso. (Una vez que el alumno aprendió a pedalear y paulatinamente le va perdiendo el miedo al andar, el asiento deber? elevarse hasta la altura correcta.) Las manos deben descansar sobre los puños y los dedos índices y mayor deben estar sobre los frenos de modo de accionarlos rápido y fácilmente.
Para guiar a un adulto hay que hacer más hincapié en las cuestiones mentales que en las netamente prácticas. Brindándole seguridad y convenciéndolo, con técnicas de inducción que dejo al libre albedrío de cada uno, que pedalear es tan fácil y natural como caminar. Correr detrás del novato sosteniéndole el asiento para equilibrarlo es la mejor manera de arruinar todo. Con este sistema que ahora veremos, los alumnos pueden hacerlo solos o con algún guía o ayudante que oficiará de apoyo moral y logístico únicamente.
El siguiente es un método para que cada cual aprenda a su ritmo.
En algunos minutos, horas o días se puede arrancar pedaleando:
RECOMENDACIONES
1. Hay que quitar los pedales de las palancas (ojo: el sentido de la rosca es distinto en cada pedal). Luego habrá que sentarse, apoyando los pies en el piso y empujar la bici como caminando, sin levantar la cola del asiento y alternando los pies como si se tratara de un andador. A medida que la bici empieza a rodar, hay que experimentar el uso de los frenos. Frenar y volver a empezar la caminata con la bici entre las piernas y sin despegar la cola del asiento.
2. Una vez que uno se siente seguro con este ejercicio, el paso siguiente es impulsar la bici, siempre sentado, con los dos pies juntos. Si lo hacemos con la suficiente fuerza, el rodado tomará suficiente impulso como para romper la inercia y experimentar el equilibrio tan ansiado. Esto se logra luego de impulsarnos -con todas las ganas- y despegando los pies del piso. El secreto para aprobar este segundo ejercicio es relajarse y g***r.
3. Si estamos bien seguros y confiados de haber llegado hasta aquí, buscaremos una pendiente suave para que nos ayude a repetir el ejercicio 2 con mayor impulso. La idea es lograr que -con ayuda de la pendiente- la velocidad y la distancia sea mayor y, por ende, experimentar la mágica y placentera sensación de la libertad por más tiempo.
4. Si a esta altura el ya casi ciclista está canchero en mantener el equilibrio y en el uso de los frenos, llegó el momento de volver a colocar los pedales. De ahí en más, combinando los ejercicios anteriores con el inicio de la pedaleada, todo es cuestión de práctica. En esta etapa es necesario que el ayudante le explique al nuevo ciclista cómo es la mejor manera de romper la inercia al dar el primer golpe de pedal, entre otras cuestiones que son útiles escuchar de boca de algún experimentado.
5. Las siguientes clases serán para incorporar nuevas habilidades y técnicas de dominio y conducción. En forma progresiva habrá que subir el asiento y arrancar parado en lugar de sentado, etcétera.