10/02/2015
Alguno pudieron disfrutarte y otros lamentablemente para ellos, les tocó sufrirte. Por suerte soy parte del primer grupo, gracias a Dios de tantos países en el Mundo y de tantos equipos, tuviste que nacer Argentino y Bostero. Digo lamentablemente porque me hubiese gustado que todo el Mundo te pudiese disfrutar, que sientan el mismo orgullo que puedo sentir hoy yo, como toda la familia Xeneixe.
Me crie con tu magia, tuve la infancia más feliz que pude haber tenido. Recuerdo que era un pequeño que se sentaba en frente de la tele todos los domingos y se quedaba sentado por horas admirando a quien se convertiría para mí, en el mejor jugador de la historia del fútbol.
Me sentaba a comer con mi abuelo, y me hablaba del Diego, se le llenaban los ojos de lágrimas y no podía entender lo que pasaba por su mente, ¿Por qué lloraba el abuelo por un simple jugador de fútbol?
Fueron pasando los años, y me enseñaste lo que era la felicidad, imagínense un chiquito fanático de un club sentado en el piso frente a la tele viéndolo campeón, no puedo describir con palabras la cara de felicidad que me invadía.
No todo fue alegría, también me enseñaste a sufrir por el futbol, o al menos, a compartir esa sensación de tristeza inmensa por perder una final. El Bayern, después de tantas alegrías nos hacía ver la otra cara de la moneda, y nunca pude borrar esa imagen de mi ídolo llorando mientras su papá, Carlos Bianchi, lo levantaba diciéndole que había que seguir adelante, ni la mía pataleando por todos lados. Como me enfadaba cuando perdíamos, recuerdo que no se me podía ni hablar, no paraba de llorar.
De a poco fui creciendo, con la imagen de Riquelme como referencia del fútbol, para mi Roman era el fútbol, o la forma de describir como jugarlo. Ya de grande, entendiendo bien el fútbol, se acrecentaba la imagen de ídolo. Cada pisada, cada gambeta, cada remate, cada cosa que hacía lo hacía distinto al resto, no quedaban dudas que era diferente.
Hoy, 18 años después pude comprender aquello que mi abuelo sentía cuando me hablaba del Diego, hoy lo siento yo por ese hombre llamada Juan Roman Riquelme, aquel señor que me dio tantas alegrías, me enseño lo que era el fútbol, me enseño a no venderme, ni dejarme extorsionar por los poderosos, ya no era simplemente un jugador de ´futbol, era un referente para la vida, simple, humilde, sincero y con códigos, siendo esto último, algo casi extinto en nuestra sociedad.
Tuvo mucha gente en contra, muchas trabas en el camino, pero siempre siguió siendo el mismo. Siempre me pregunto porque los medios perdían tanta energía en inventarle puterios en vez de usar ese tiempo para disfrutarlo. Todo lo que hacía o dejaba de hacer, para todos estaba mal. Siempre lo hicieron ver como el responsable de todos los malos momentos, hasta sin haber jugado.
Me pongo a pensar cuando dicen que fallaste en el Mundial del 2006, me pregunto, se acordará todas las asistencias que diste? Se acordará realmente esa gente como quedamos afuera? Se habrá dado cuenta que te sacaron por Cambiasso quien fue el que erró el penal que nos dejó afuera?
Lo lamento por ellos, yo por suerte te disfruté día a día, solamente me molestaba ver como gente te sigue criticando, o lamentando por todas las oportunidades que te fueron cerrando las puertas. Y me molesta más que nada porque hoy me toca despedirte, me toca ver como toda mi infancia en que creí que el fútbol era de una forma hoy ya no está, que por ahí fue un largo sueño del que me toca despertar.
Hubiese dado la vida por haber aprovechado ese sueño para conocerte, por circunstancias de la vida nunca tuve la oportunidad, pero siempre voy a llevar en mi mente cada momento que me hiciste vivir.
Hoy decis adiós, y a muchos se nos parte el alma, pero también sabemos que mereces disfrutar la vida haciendo lo que te gusta, nada más lindo para un bostero que verte feliz, y si así Riquelme es feliz, tendremos que vivir con ello.
Eternamente gracias por tanto, y perdón por tan poco..