24/02/2021
Querido diario:
Sabes que me pasé la vida tratando de NO enseñar cosas que yo no hiciera.
Nunca quise enseñar a escribir sin cuentos publicados, nunca quise ser profesor de canto sin banda.
No sabía explicarlo, me hacía ruido. Hoy a eso le llamo incoherencia. Y lo tomé como una ley, lo sentí correcto.
Llegué a decir YO NO QUIERO ENSEÑAR, YO QUIERO HACER.
No contaba con la segunda parte del plan… que en la vida siempre es compartir.
Pero lees lo que te escribo? Estaba deseoso por HACER. Algo me llamaba como partícipe, no como lejano observador. Algo me llamaba a construir, no a “hablar sobre construir”.
Y dolió un montón romper las paredes y ser valiente. Pero valió cada momento.
Aquellas conversaciones en la noche donde yo me motivaba a mí mismo ¿te acordás?
“Vos podés Victor, la p**a madre, yo sé que vos podés. Mañana es un buen día. No importa lo que pase, vas a estar bien. No importa lo que pase a- la- mier- da- to- do- vas a estar bien. Dale. Vamos. Estoy acá. Dale. Listo, allá voy. Listo.”
Evidentemente, un loco de mi**da. Pero un loco de mi**da que lo haría de nuevo, con mucho gusto.
Un demente que una madrugada, bajo la luna llena sentado en la nieve, quemó una hoja titulada “ESPEJOS” con todas las frases hirientes que alguna vez le dijeron las mujeres.
¿Cómo se vuelve de eso? No se vuelve. Creces. Crece la espiritualidad individual y te vuelves un egoísta. Y compartes.
Entonces sí que te entregas y das valor. Pero valor real. No valor en tips de IG. No valor de quejarme en canal 13. Valor de los fundamentos que te abrazaron cuando tu sendero daba al acantilado y terminaste construyendo puentes.
Entonces es cuando los ojos de los hombres que estudian contigo te recuerdan a los tuyos propios.
Hoy hago lo que enseño. Hablo lo que hago. El día que no ejecute lo que comparta, mi boca se cerrará.