27/02/2023
De las cosas más lindas que me regaló el tenis . Poder ver jugar a mi hijo y yo estar allí, con su hija en brazos, aunque debo confesar que no fue como se lo imaginan. No quisimos entrar a la cancha. Los nervios a los que aún hoy, después de tantos años, tanta vida vivida , tanto entender que lo verdaderamente importante pasa por el disfrute de las pequeñas cosas, y que ya, todo lo que venga, es para agradecer y no sufrir y a pesar de esto y tantas otras cosas que me repito cada vez que Guido compite, el n**o en el estómago, la garganta cerrada, el corazón latiendo a mil, los pensamientos volando de aquí para allá a la velocidad del sonido, el temor a una lesión, el saberlo entregando todo y mucho más, sentir su fatiga, su respiración, leerle sus gestos, escuchar su cuerpo hablando de su esfuerzo, sus dolores, su cansancio, me hacen elegir estar fuera de ese rectángulo de polvo de ladrillo que no deja de ser una cancha de tenis y sin embargo cada vez que entro en ellas, sea cual sea, esté en el lugar del mundo que esté, todo vuelve a mi, como una fuerza intempestiva que me sensibiliza y me transporta con la emoción a cada instante, recordándome que la vida es hoy, pero hay un pasado que nos trajo hasta acá y un futuro que tengo en mis brazos, viendo a su papi que le está dando una enseñanza con su ejemplo . Y yo me quedo con eso, porque la VIDA es mucho más que el resultado de lo qué pasa en una cancha de tenis y acá, estamos VIVIENDO.