03/07/2024
🔸 Aprende a controlar las Emociones con la Respiración 🔸
La atención en la respiración de forma consciente modula nuestro cerebro. La respiración intencionada implica inhalar y exhalar conscientemente de acuerdo con un ritmo establecido. Por ejemplo, puedes inhalar durante cuatro tiempos, exhalar durante seis y repetir, tratando de que las exhalaciones siempre sean un poco más largas que las inhalaciones. Investigaciones previas muestran que los ejercicios de respiración intencionada pueden ayudar a enfocar la atención y regular el sistema nervioso. Hasta la fecha, sin embargo, se sabía poco sobre cómo esto afecta la función cerebral en humanos.
Además de que se sabía que el tronco encefálico se encarga del proceso de respiración, un último estudio indica que la respiración intencionada también utiliza redes neuronales que están vinculadas a la emoción, la atención y la conciencia del cuerpo. Al aprovechar estas redes utilizando la respiración, obtenemos acceso a una herramienta poderosa para regular nuestras respuestas al estrés.
En este estudio más reciente, se vio además una mayor actividad de la amígdala cuando los y las participantes respiraron rápidamente. La actividad en la amígdala sugiere que las tasas rápidas de respiración pueden desencadenar sentimientos como ansiedad, enojo o miedo. Otros estudios han demostrado que tendemos a estar más en sintonía con el miedo cuando respiramos rápidamente. Por el contrario, puede ser posible reducir el miedo y la ansiedad al desacelerar la respiración, que es lo que tratamos de hacer cuando respiramos conscientemente llevando nuestra atención a la inspiración y a la espiración.
La respiración forma parte del sistema autónomo del organismo. Las funciones que componen ese sistema, por ejemplo, la digestión, operan sin que se lo ordenemos. Sin embargo, la respiración es la única actividad de esa categoría sobre la que podemos ejercer un importante margen de control.
De ahí que podamos aprender a manejar nuestra respiración para nuestro bienestar. La respiración cambia según la emoción que predomine en nuestra mente. Cuando sentimos miedo, se hace más difícil respirar, es como si nos quedáramos sin aire. De hecho, pueden aparecer sensaciones de ahogo.
Si hay ansiedad, la respiración se vuelve rápida y superflua, por lo que no hay una adecuada oxigenación del cerebro.
Si lo que predomina es la tristeza, la respiración se hace mucho más lenta y profunda. De ahí que no sea raro que en estados de depresión aparezcan los suspiros con mucha frecuencia. En las situaciones de estrés, la respiración se torna entrecortada.
Cuando la respiración cambia su funcionamiento regular, también se alteran todos los ritmos vitales del organismo. Por eso es tan valiosa.
🔸 El manejo de la Respiración 🔸
Para aprender a gestionar las emociones a través de la respiración, lo primero que debes saber es que esa función puede ser de varios tipos. Hay básicamente 4 formas de respirar que inciden en el mundo emocional:
La respiración abdominal: En este tipo de respiración es como si tragaras el aire y lo llevaras al estómago. Se basa en el funcionamiento del diafragma. La respiración abdominal es altamente saludable para aliviar tensiones y oxigenar órganos vitales como el corazón y el hígado. Si la practicas con frecuencia obtienes grandes beneficios.
La respiración energética: es la que aparece durante los momentos en los cuales realizamos ejercicios físicos. Su principal función es la de llenar de vitalidad al organismo en su conjunto. La respiración energética es muy adecuada para momentos de grandes dificultades emocionales, ya que nos llena de vitalidad.
Respiración alterna: este ejercicio sirve para concentrarse en la propia respiración y relajarse. Consiste en tapar las fosas nasales de forma alterna al tiempo que se contiene el aire entre cada respiración.
Respiración profunda: se trata de hacer inspiraciones y exhalaciones lentas y profundas. De esta manera se consigue desacelerar el ritmo del cuerpo y de los pensamientos.