29/05/2026
Si a tu hijo le va bien, felicítalo. Si le va mal, motívalo.
Ser papá o mamá no es solo cuidar, alimentar o poner reglas. Es mucho más que eso.
Es estar presente, es mirar con amor, es apoyar con el corazón. Y dentro de todo eso, hay algo que nunca debemos olvidar: cómo reaccionamos ante los logros y los fracasos de nuestros hijos puede MARCAR SU VIDA PARA SIEMPRE.
Cuando a tu hijo le va bien, cuando se esfuerza y consigue algo, por pequeño que parezca, felicítalo. No des por sentado sus logros. Dile que lo hizo bien, que estás orgulloso, que viste todo lo que luchó por eso.
A veces una palabra de aliento vale más que mil premios. Esa felicitación se le queda en el alma, y con el tiempo, se convierte en fuerza, en confianza, en seguridad. Es como decirle: “Confío en ti, sé que puedes”.
Cuando se equivoca, cuando falla, cuando siente que no es suficiente. Ahí es donde más necesita de ti.
No lo regañes con dureza.
NUNCA, NUNCA, NUNCA le hagas sentir que vale menos. En ese momento, tu hijo necesita que lo mires con amor, que le tomes la mano y le digas: “Está bien, todos nos equivocamos. Lo importante es seguir intentando. Yo estoy contigo.”
(Autor: "turista")