03/02/2026
🔥 “U” 1 - 0 FC CAJAMARCA 🔥
Hoy da la impresión —cada vez más nítida, cada vez menos disimulable— de que el único rival capaz de interponerse entre Universitario y el cuarto campeonato consecutivo es la tentación de tocar lo que ya funciona. De ir contra natura. De sofisticar lo que nació para ser simple y letal.
El sistema que instauró Jorge Fossati desde aquel partido ante Cienciano en 2023 no fue solo un dibujo táctico: fue una declaración de principios. Orden férreo. Presión alta. Salida rápida. Contundencia sin maquillaje. Un equipo que no pedía permiso: avasallaba. Luego Bustos llegó, ganó y se fue. Y sí, algunas veces jugando mal también, porque hasta en la imperfección había una convicción innegociable: someter al rival y reducirlo a su mínima expresión.
Rabanal, seguro, con la mejor intención, parece empeñado en añadirle matices a un mecanismo que durante tres años ha funcionado como un bólido de secuencia automática. Y aquí habla el hincha: no le pongamos freno de mano a lo que ya corre solo. Jugar rápido. Presión salvaje tras pérdida. Recuperar y volver a la carga sin titubeos. Esa fue —y debe seguir siendo— la esencia.
La receta no necesita laboratorio; ya fue probada en campo lleno y con tribunas a tope:
Salida rápida, en uno o dos toques, sin masajear la pelota.
Balón largo cuando el rival adelanta líneas y deja espacio a la espalda.
Presión alta para asfixiar, para que el contrario no piense ni respire.
Ritmo intenso en casa, ante 50 mil gargantas —o más— que exigen vértigo.
Eso fue la “blitzkrieg” crema de los últimos años: golpear primero, golpear rápido y no sacar jamás el pie del acelerador. Un equipo que convertía el Monumental en un in****no para el forastero.
Simple y sólido
Ante FC Cajamarca no apareció, ni por asomo, aquel equipo arrollador. Se elaboró de más. Se pensó de más. Se ralentizó la transición. Y cuando la U piensa demasiado, pierde lo que la distingue: la velocidad con la que impone condiciones y doblega voluntades.
El rival renunció al ataque desde el minuto uno. Vino a abroquelarse en bloque medio, a cerrar carriles, a aislar a Co**ha por dentro y por fuera. Y ahí se sintió —más que otras veces— la ausencia de Ureña: esos cambios de frente suyos, esa capacidad para girar el eje y romper el cerrojo con un envío preciso, fueron extrañados. Sin esa válvula, jugamos lento. Dejamos pensar. Bajamos el pulso. Y cuando el pulso baja, la “U” deja de ser un vendaval y se vuelve previsible.
Pero conviene poner paños fríos. Salvo una que otra pieza, este es el mismo plantel que dominó los últimos tres años. La estructura está. La memoria debe ser recuperada. También es cierto que hay soldados por recuperar y otros por poner a punto. Necesitamos la vuelta del Tano Di Benedetto; necesitamos que el Tunche recupere la mística de sus jornadas más épicas; que el Oreja nos dé, aunque sea, un poco más cuando se le necesite; que Gassama alcance su mejor versión física. Y si no le alcanza —que es lo que parece—, habrá que remendar el error y traer otro ‘9’ a mitad de año.
Lo positivo es que Fértoli y Silveira empiezan a meterse en la rotación y a ser opción real; que al Licha Alzugaray, por fin, se le abrió el arco. Pero necesitamos más. Más de todos. Más carácter. Más intensidad. Más convicción.
Volviendo al juego: no confundamos evolución con complicación innecesaria. La grandeza de este equipo ha estado en su simpleza efectiva: solidez atrás, intensidad en el medio, velocidad por fuera y verticalidad arriba. Nada más. Nada menos.
Simple y sólido. Esa es la U.
Se ganó. Se sumó. Nos mantenemos arriba. Pero los campeonatos no siempre se pierden ante el rival más fuerte; a veces se escapan en esos detalles mínimos que uno cree inofensivos.
11 de 15 no es un mal arranque. Para cualquiera sería aceptable. Pero esta “U” no es cualquiera. Es un equipo que se acostumbró a atropellar, a no negociar puntos ni victorias cómodas en casa, a hacer del dominio una rutina. Por eso sabe a deuda.
La buena noticia es que la solución no está lejos. No hay que inventar nada. Está en volver a mirar los videos de 2023 en adelante. Está en la memoria colectiva del plantel. Está en esa identidad que convirtió al Monumental en fortaleza inexpugnable.
Don Javier, el camino ya estaba trazado. Solo hay que volver a pisar el acelerador y mantener la marcha. No es tan difícil.
Opiniones? 🟡🔴🫵