06/23/2026
Hoy se cumplen 9 años desde que me fui de Argentina.
No hay fotos ni videos que puedan explicar todo lo que se vive cuando una cruza el océano con una valija llena de miedo, ilusión, duelo e ingenuidad, sin saber todo lo que va a tener que soltar para volver a nacer.
A veces siento que pasó una vida entera. Otras, que me fui ayer.
Quizás porque migrar tiene algo de eso: volver a empezar una y otra vez. Aprender a armar hogar donde antes había supervivencia e incertidumbre. Hacerte fuerte cuando lo único que querías era que alguien te dijera “vení, descansá, ya está”.
En estos años se fueron personas cercanas. También mi perro, que fue hogar antes de que yo entendiera todo lo que esa palabra significaba. Dejé ir vínculos que pensé eternos y versiones de mí que ya no podía sostener.
Todo fue aprendizaje. Todo fue espejo. Todo fue memoria compartida.
Irme de Argentina me obligó a salir de una zona de confort que, siendo honesta, ni siquiera era tan cómoda. Era conocida. Y a veces confundimos lo conocido con lo seguro.
Estos 9 años me hicieron conocer despedidas, aeropuertos, hospitales, cumpleaños lejos, vínculos nuevos, idiomas mezclados y sueños que siguieron intactos como una llamita adentro del pecho.
También me hicieron conocerme a mí: a la que resuelve, a la que se cae y se levanta sola, a la que llora en silencio y al otro día hace lo que tiene que hacer, a la que no siempre se siente valiente, pero avanza.
Hoy vivo entre España y Portugal. Estoy creando un hogar, una familia, dos marcas y una vida que cada vez se parece más a mí, aunque todavía haya miedo, incertidumbre, cansancio y nostalgia.
Irte no significa dejar de amar de dónde venís. Una se va de Argentina, pero Argentina viene con una.
Irte también puede ser una forma de elegirte.
Hoy miro hacia atrás con ternura por esa chica que se fue sin saber todo lo que le esperaba. La abrazo fuerte. Le agradezco haber dado el paso con miedo.
Quizás seguimos migrando siempre: de piel e identidad, de versiones viejas hacia versiones más verdaderas.
Gracias, Argentina, por ser raíz.
Gracias, Europa, por ser camino.
Gracias, vida, por empujarme fuera del mol