08/29/2026
Una de las trabas más grandes que enfrenté durante mi carrera fue algo que no podía entrenar ni controlar: mi estatura.
Jugué béisbol toda mi vida y tuve el privilegio de jugar a nivel colegial. Pasé por todo el proceso del béisbol en Latinoamérica y luego por el sistema colegial en Estados Unidos.
Durante todo ese camino hubo comentarios sobre la fuerza de mi brazo, el poder de mi bateo y otras áreas que sí podía mejorar. Pero la principal siempre fue que estaba pequeño.
Desde que llegué a la categoría junior, con 14 o 15 años, me lo recordaban dondequiera que iba. Yo medía alrededor de 5’8 y eso era algo que simplemente no podía controlar.
Cada individuo es diferente. Hay atletas que pueden usar esos comentarios como combustible. En mi caso, cada comentario fue sembrando más dudas en mi cabeza.
No hago responsables a esas personas de mi éxito o mi fracaso. Esta es solamente una reflexión para los que trabajamos con niños y adolescentes.
Enfoquémonos en las cosas que ellos sí pueden cambiar: su preparación, sus hábitos, su esfuerzo, sus habilidades y la manera en la que responden ante la dificultad.
A veces, aportar un grano de arena al desarrollo de un muchacho comienza simplemente entendiendo el peso que pueden tener nuestras palabras.
¿Qué comentario de un coach todavía recuerdas?