06/19/2026
Algunos niños que hoy ganan todo, que destacan más que los demás y que parecen destinados a llegar muy lejos, en algún momento del camino comienzan a perder el interés por el deporte.
Las victorias se vuelven costumbre, aparecen nuevas distracciones, disminuye el esfuerzo y poco a poco el hambre de superación desaparece.
Mientras tanto, aquellos niños y equipos que durante años conocieron más derrotas que triunfos siguen trabajando en silencio.
Siguen entrenando, aprendiendo y esforzándose porque todavía tienen algo que demostrar, la perseverancia, el sacrificio y las ganas de crecer se convierten en su mayor fortaleza.
Con el paso de los años, muchas veces los caminos se cruzan nuevamente. El niño que se conformó con lo que tenía deja de avanzar, mientras que aquel que nunca dejó de luchar comienza a alcanzarlo e incluso a superarlo.
Lo mismo sucede con los equipos, los que antes perdían constantemente pueden transformarse en grupos competitivos gracias a la constancia y al deseo de mejorar.
Prof. Jaime Reyes