23/08/2025
Trabajar con niños que no tienen el talento natural para el fútbol es, quizás, una de las experiencias más enriquecedoras para un formador.
Ahí es donde realmente se mide la vocación y la paciencia del entrenador. Estos niños no llegan para ser estrellas, llegan para aprender, para sentirse parte de un grupo y para vivir la pasión del deporte.
Ellos nos enseñan que el fútbol no es únicamente ganar partidos, sino sembrar valores, disciplina y amistad.
El verdadero desafío está en motivarlos a no rendirse, en darles confianza y en hacerles ver que su esfuerzo también tiene valor. Tal vez no todos lleguen a ser futbolistas profesionales, pero todos pueden ser mejores personas gracias al deporte.
Ahí radica la grandeza de un formador, en transformar la falta de talento en oportunidades de crecimiento humano.