27/05/2026
La importancia de trabajar la Velocidad en el Corredor de Montaña 🏃♂️🏃🏃♀️
En la montaña solemos hablar de desnivel, fuerza, resistencia, horas de volumen y tiradas largas.
La velocidad, en cambio, aparece como un concepto “de asfalto”, casi ajeno al mundo del trail. Muchos corredores sienten que no la necesitan porque en la montaña “no se corre tan rápido”.
Sin embargo, cuando miramos qué hacen los mejores del mundo y qué dice la ciencia más reciente, la respuesta es clara: la velocidad sí importa, y mucho.
Durante años se pensó que la velocidad era útil solo para quienes competían en distancias cortas o en terrenos poco técnicos. Hoy sabemos que no es así. La fisiología del trail ha avanzado, y los estudios más recientes muestran que los estímulos rápidos generan adaptaciones que impactan directamente en el rendimiento en subidas, bajadas y tramos largos de carrera. Incluso en ultras.
Los corredores de élite lo saben desde hace tiempo. Cameron Clayton, con pasado en el asfalto, lo resume bien cuando dice que mantener la velocidad pura es difícil en la ultradistancia, pero conservar “ese punto de frescura” es clave. Por eso incluye series, cuestas rápidas e intervalos en terrenos suaves. Tófol Castanyer, otro que vuela en llano, también lo tiene claro: prioriza la calidad por encima del volumen porque sentirse rápido le permite rendir mejor en cualquier tipo de carrera.
Pero no solo los veloces de nacimiento lo hacen. Sebastien Chaigneau, especialista en ultras, es contundente: si no entrenas la velocidad, inevitablemente te vuelves más lento. Puedes ganar fuerza, sí, pero perderás esa chispa que marca la diferencia cuando el terreno se abre o cuando la carrera exige cambios de ritmo.
Nuria Picas lo trabaja con cambios de ritmo y carreras cortas para mantener la reactividad. François D’Haene dedica cada semana una parte de su entrenamiento exclusivamente a este tipo de estímulos. Philipp Reiter prefiere integrarlos dentro de salidas largas.
Jezz Bragg nunca deja afuera una sesión de intervalos. Y Zigor Iturrieta, con su estilo particular, mete tiradas largas a ritmos altos para no perder velocidad aeróbica.
Hasta aquí, la experiencia de los mejores. Pero lo más interesante es que la ciencia moderna coincide con ellos y va incluso más allá.
Hoy sabemos que los trabajos de velocidad mejoran la economía de carrera, es decir, la cantidad de energía que gastamos para movernos. También aumentan la rigidez musculotendinosa, lo que nos hace más eficientes en subidas y bajadas.
Los intervalos intensos mejoran la tolerancia al lactato y la capacidad de sostener esfuerzos por encima del umbral, algo que en la montaña sucede más seguido de lo que creemos. Y los estímulos rápidos fortalecen la musculatura excéntrica, lo que ayuda a prevenir lesiones, especialmente en descensos largos.
Además, en los últimos años surgió un concepto que cambió la forma de entrenar: la microdosificación de velocidad. No hace falta dedicar sesiones enteras a series duras.
A veces, con dos o tres estímulos muy cortos por semana —aceleraciones de 10 a 20 segundos, strides, cambios breves de ritmo— se logran mejoras iguales o superiores a las sesiones tradicionales.
Esto es especialmente útil para corredores populares que no pueden entrenar todos los días o que ya cargan bastante volumen.
La velocidad también tiene un impacto emocional. Nos recuerda que podemos movernos con ligereza, que no todo es subir durante horas o acumular kilómetros. Nos devuelve esa sensación de “chispa” que muchos pierden cuando solo entrenan resistencia. Y esa chispa, aunque no lo parezca, también se traduce en rendimiento.
Por eso, más allá de la distancia o el nivel, vale la pena mantener siempre un pequeño espacio para la velocidad. No para convertirnos en sprinters, sino para ser corredores de montaña más completos, más eficientes y más resistentes. La montaña no siempre permite correr rápido, pero cuando aparece el momento de hacerlo —un tramo llano, una bajada fluida, un final apretado— quienes han trabajado la velocidad lo sienten de inmediato.
La conclusión es simple: la velocidad no es un lujo del asfalto, es una herramienta del trail moderno. Y tanto los élite como la ciencia coinciden en que dejarla de lado es perder una parte fundamental del rendimiento.