16/07/2026
No es normal que un Entrenador le hable mal a un niño o hasta lo insulte, no es “motivar” o “corregir” cuando un entrenador le pega a un atleta si va perdiendo y te voy a decir porque:
Desde la psicología del deporte y la psicología infantil, insultar o golpear a un niño durante o después de una competencia no es una estrategia de entrenamiento efectiva. Aunque algunos entrenadores crean que “endurece” al atleta, la evidencia indica que suele producir el efecto contrario, especialmente cuando se trata de niños.
Las posibles consecuencias dependen de la frecuencia, la intensidad y de la relación previa con el entrenador, pero pueden incluir:
* Disminución de la autoestima. El niño puede comenzar a creer que su valor depende únicamente de ganar. Una derrota deja de ser una experiencia de aprendizaje y se convierte en una prueba de que “no sirve”.
* Ansiedad de competencia. En lugar de concentrarse en ejecutar sus técnicas, el niño puede competir con miedo a equivocarse o a ser castigado, lo que incluso reduce su rendimiento.
* Miedo al entrenador. La figura del entrenador deja de representar apoyo y guía para convertirse en una fuente de amenaza. Esto dificulta el aprendizaje y la confianza.
* Pérdida de motivación. Muchos niños terminan abandonando el deporte porque dejan de disfrutarlo y lo asocian con humillación o dolor.
* Mayor riesgo de problemas emocionales. Si el maltrato es repetido, puede favorecer síntomas de ansiedad, tristeza, inseguridad y, en algunos casos, depresión.
* Normalización de la violencia. El niño puede aprender que insultar o golpear a alguien cuando falla es una forma aceptable de corregir errores, reproduciendo ese comportamiento con otros.
* Perfeccionismo y miedo al error. Algunos niños continúan en el deporte, pero desarrollan una necesidad extrema de no equivocarse, lo que aumenta el estrés y el desgaste emocional.
Si el entrenador además le pega al niño por haber perdido
La agresión física es más grave. Desde la psicología, puede generar:
* Sensación de humillación y vergüenza.
* Pérdida de confianza en los adultos responsables.
* Mayor riesgo de desarrollar miedo, ansiedad o respuestas de evitación.
* Asociación del deporte con castigo en lugar de crecimiento.
* En algunos casos, síntomas compatibles con una experiencia traumática si la violencia es intensa o repetida.
El taekwondo promueve valores como la cortesía, la integridad, la perseverancia, el autocontrol y el espíritu indomable. Un entrenador que insulta o golpea a un niño contradice esos principios. La disciplina y la exigencia son compatibles con el respeto; un entrenador puede corregir errores, exigir esfuerzo y establecer consecuencias deportivas sin recurrir a la humillación o a la violencia.
¿Puede haber efectos a largo plazo?
Sí, especialmente si estas conductas son repetidas y ocurren durante una etapa de desarrollo. Algunos adultos que fueron entrenados mediante insultos o golpes recuerdan años después que competían por miedo, no por gusto, y pueden presentar dificultades para confiar en entrenadores, miedo excesivo al fracaso o una relación poco saludable con el deporte.
Si este tipo de situación ocurre, es importante que otro adulto responsable (padres, directivos del club o de la asociación) intervenga. La corrección técnica y la disciplina nunca requieren violencia física ni verbal. Un entorno deportivo seguro protege tanto el desarrollo psicológico como el rendimiento del niño.
Ojo papás dejemos de normalizar estas conductas del entrenador.