18/07/2024
!LOS QUE SE FUERON SIN PODER DECIR ADIÓS!
Los que se marcharon sin poder decir adiós, viven en lo más hondo de nuestro corazón, pero muchas de esas ausencias siguen siendo abismos de dolor en la memoria: porque se marcharon sin que se les pudiese decir nada, se fueron sin un beso sin un “te quiero” o incluso sin un “lo siento”. Esta angustia vital dificulta en muchos casos el adecuado proceso del duelo.
La muerte, debería ser como las despedidas en la sala de un avión. Ahí donde se puede disponer de un breve intervalo de tiempo en donde tener esa última conversación, donde ofrecer un largo abrazo y dejar ir con un hasta luego sosegado, teniendo plena confianza de que todo va a ir bien. Sin embargo, nada de esto es posible con las muertes de nuestros seres queridos o amigos.
Los que se marcharon no están ausentes, se les mantiene en cada latido del corazón, reposan en nuestra mente y nos dan fuerza cada día mientras los honramos con sonrisas…
El sufrimiento es una decisión tan personal, profundo y descarnado que solo uno mismo puede atenderlo para iniciar un proceso de reconstrucción interior sano.
En realidad la muerte no sabe de despedidas, y eso es algo que se debe asumir tarde o temprano. Se debe reflexionar sobre ello y hacerlo hoy un buen abrazo o una muy buena charla Hoy.
El único aspecto “positivo” de las enfermedades terminales es que, de algún modo, permiten a la familia ir asumiendo e incluso preparándose en su proceso de despedida, o lo que ahora se conoce como “el buen morir”. No obstante, por muy preparada que esté una familia ante ese instante o ese “desprendimiento”, en ocasiones, lejos de sentirse aliviadas lo viven también como algo traumático.
Son sin duda las ausencias que más dificultades provocan a la hora de iniciar el proceso de recuperación se conocen como las 5 etapas del duelo Lo habitual, es quedar encallado en los sentimientos de incredulidad y negación, hasta derivar, en el peor de los casos, en un estado de desorganización vital marcado por la ira crónica o la depresión.
La muerte inesperada de un ser querido supone algo más que un impacto emocional intenso. La pérdida deja muchos cabos sueltos, asuntos pendientes, palabras no dichas, arrepentimientos no disculpados y la desesperada necesidad de haber podido dar un adiós.
Las respuestas a todo ello, estarán entonces en nuestro interior, y desde ahí con el recurso humano que fuimos dotados por Dios, será de donde se encuentre el refugio, durante un tiempo determinado para encontrar la calma, el alivio y la aceptación. Es Tiempo de acercarte y tomarnos un café y platiquemos de tu duelo