19/05/2026
Después de 35 años dando clases y recordando muchas caras que vi pasar, me di cuenta que son muy pocos los que llegaron a cinturón negro y solo unos cuantos los que quedan.
Y no, no se fueron porque no tenían talento, vi gente pasar por este tatami con dones y aptitudes que muy pocos tienen.
Rápidos, fuertes, con gran facilidad para realizar las técnicas.
Pero el tiempo enseña que en este camino no elimina primero al cuerpo, elimina la constancia.
Los vi irse y no los juzgo.
Me dolió mucho las primeras veces, pero la vida es la vida.
Algunos se mudaron, otros entraron a la universidad.
El trabajo les pidió más horas.
Formaron una familia, otros se cansaron de perder.
De sentir que no avanzaban.
Muchos se fueron el día que entendieron que acá... nadie te promete ser especial.
Solo te prometen que va a doler, y que va a tardar años.
Porque todos amamos la idea del cinturón negro, de los reconocimientos.
La foto, el respeto, la meta cumplida.
Pero muy pocos nos enamoramos de lo que realmente lo construye:
Del lunes con cansancio.
Del dolor de rodilla que no se va.
De repetir el mismo movimiento hasta que deja de tener gracia.
De los meses donde sentimos que nada cambia desde hace seis meses.
De elegir el dojo cuando la plata no alcanza, cuando tu pareja no entiende, cuando tus amigos salen y tú no.
Por eso se vacían los dojos.
Porque un día la emoción se va. Y solo queda la disciplina.
Dicen que el 90% abandona antes de llegar lejos. Y es verdad.
Pero también es verdad esto otro, y quiero que lo recuerden:
Llega un punto en que ya no abandonás.
No porque seas más fuerte.
Sino porque esto ya no es un lugar al que vas.
Es parte de lo que eres
El cinturón negro, al final del día, no mide tu técnica.
Mide cuántas veces veniste cuando no había aplausos.
Cuando nadie te miraba.
Cuando la vida te cambió todos los planes... y tu igual doblaste tu gi y veniste.
Si hoy estás dudando, si sientes que no avanzás, si te pesa todo...
Quiero que sepas algo:
Tu no te conviertes en cinturón negro el día que te lo atan en la cintura.
Te conviertes un poco cada día que elegiste el tatami, teniendo mil excusas válidas para no hacerlo.
Y ese tipo de persona... no se rinde afuera tampoco.
En el trabajo. En la familia. En la vida.
Eso es lo que venimos a forjar acá.
No solo artistas marciales.
"Forjamos personas que jamás se darán por vencidos"