05/05/2026
PAULO DYBALA: "Todo lo que soy hoy se lo debo a mi papá. Fue él quien me metió en la cabeza la idea de que algún día podía llegar a estar entre los mejores del mundo. Antes de que falleciera, su salud ya estaba muy deteriorada. Recuerdo una escena muy clara: estábamos en la habitación de la casa de mis padres, había un médico presente, y en un momento lo miró y dijo: “Él va a cumplir mi sueño”. Yo en ese entonces jugaba en mi pueblo, sin contrato, sin un camino definido. Pero esas palabras se me quedaron marcadas. Porque él lo sabía. Sabía lo que yo deseaba, lo que me apasionaba, y también todo lo que había sembrado en mí. Desde ese día, cada meta que fui alcanzando en mi carrera la sentí compartida con él. Aunque ya no estuviera físicamente, siempre lo sentí cerca. Gran parte de lo que logré nació de lo que él me enseñó y me transmitió.
Mi papá confió en mí incluso antes de que yo lo hiciera. Soñaba mi futuro conmigo. Me llevó del pueblo a Córdoba, y desde ahí quería llevarme a Buenos Aires. Cuando tenía 13 o 14 años, ya me mandaba solo al gimnasio: solo piernas, nada de tren superior, porque quería que mantuviera la agilidad. Con el tiempo, al ver a mis compañeros, entendí por qué él insistía tanto: “Ahora comprendo por qué tengo estas piernas”, pensaba. Me exigía, sí, pero siempre desde el amor. También intentó acompañar a mis hermanos, pero conmigo la conexión fue distinta. Y por suerte fue así. Porque a veces, para que un sueño enorme se vuelva posible, primero alguien más tiene que creer en él por vos."