13/11/2025
A veces, lo más difícil de una carrera no son las subidas… sino el silencio.
Esos largos tramos sin p***a, donde solo escuchas tu respiración, los coches pasar, tus pasos y tus pensamientos.
Y cuando llegas a la meta —pero solo para dar la vuelta y repetir todo otra vez— necesitas más cabeza que piernas.
En esta edición de los 30K de Splits Monterrey aprendí que la fuerza mental y el compañerismo valen más que cualquier ritmo.
Pasar frente a la meta, ver a Montse esperándome con una sonrisa (aun con su pancita y cansancio), fue el empujón que necesitaba para seguir.
Y cuando el cuerpo ya pedía parar —las pantorrillas ardiendo, el calor pegando fuerte— tuve que detenerme un segundo, respirar y mentalizarme para seguir. En ese momento vi a otro corredor acalambrado más adelante.
Un tercero se acercó, le ofreció crema fría y sin dudarlo también me compartió un poco. Nos reímos del dolor, nos dimos ánimos y seguimos juntos unos metros.
Pequeños gestos como ese te recuerdan que, aunque corras solo, nunca estás solo en la ruta.
En el running, como en la vida, no siempre se trata de llegar primero.
Se trata de seguir adelante, de apoyarnos y de disfrutar el camino.
A veces, el verdadero podio está en esos momentos que no salen en la foto.
Gracias .g por ser mi p***a incondicional y acompañarme en cada locura —aunque signifique esperar tres horas bajo el sol.
Gracias a todos los corredores que me recordaron por qué amo este deporte.
Próxima parada: Maratón Monterrey