26/11/2025
Para los que piensan que ser entrenador de fútbol no es una profesión digna, como ser ingeniero, doctor o abogado, etcétera. Me preguntaron una vez unas familias: ¿Por qué eres entrenador? Y yo les contesté: te podría decir que por amor al deporte, pero no es nada más que eso. Soy entrenador por obra de Dios, que un día puso en mi camino a un grupo de niños con deseos de ser alguien en la vida. Mirándome con comodidad y un tanto a burla, me dijo: ¿Qué profesión tan fácil y tan pobre? Se la pasan jugando con niños y ganan una miseria... Yo, con mi cara bien en alto, le dije con firmeza: Sí, soy entrenador. No trabajo en empresas, pero sí en un espacio donde promuevo valores y habilidades en niños, jóvenes y adultos. No discrimino, porque trato a todos por igual. No soy jefe, pero tu hijo me ve como un líder y soy su modelo a seguir. No soy psicólogo, pero puedo hacer que tu hijo crea en sí mismo y logre hazañas impensables. No soy doctor, pero puedo curar con una mano sus lesiones y con otra su tristezas y temores. Mi horario de trabajo es más desgastante que el de una oficina, y sí, no me pagan miles en efectivo, pero gano millones de sonrisas y abrazos. Mientras tú ves televisión y duermes, algunos estamos planificando para que tu hijo tenga el mejor entrenamiento. Mientras tú te vas de vacaciones, tu hijo y yo estamos entrenando toda la semana. No soy arquitecto para construir edificios, pero sí construyo sus sueños, valores y un futuro. No juego con los niños, participo en la construcción de una vida, porque el deporte es un estilo de vida. Por qué ser campeón mundial no se consigue en cinco años, se consigue con una vida de sacrificios y dedicación constante. Que vivan los entrenadores, porque para que un atleta triunfe, hay sacrificios inimaginables detrás de él. Y yo puedo ser capaz de formar a uno.