05/08/2026
El Asfalto Cura....
Soy Val (la maeta) la personita que primero compró la motocicleta y después aprendió a manejarla.
Durante muchos años viví tratando de hacer siempre lo correcto, siguiendo las reglas y el camino que se esperaba de mí. Sin embargo, llegó un momento en el que entendí que también debía escuchar a mi corazón. Necesitaba encontrar una forma de aliviar mis pensamientos, sanar las heridas que la vida había dejado y volver a sentirme viva.
Nunca imaginé que una motocicleta sería parte de esa historia. Siempre me habían gustado, pero jamás me vi conduciendo una. Hasta que un día comprendí que el tiempo no se detiene, que la vida pasa demasiado rápido y que no quería seguir posponiendo mis sueños. Quería vivir, disfrutar, aventurarme y regalarme momentos que me hicieran sentir paz y felicidad.
Comprar la moto fue lo sencillo.
Lo verdaderamente difícil fue aprender a manejarla. Enfrentar el miedo, confiar en mí, levantarme después de cada error y volver a intentarlo. Aprendí que, cuando el temor aparece, solo hay una dirección: mirar al frente, fijar la vista en el camino y seguir avanzando. Muchas veces repetí para mis adentros: "Yo puedo." Y cada pequeño logro se convirtió en una victoria que aún hoy es difícil describir con palabras.
En el camino también encontré personas extraordinarias. Personas que, con paciencia, consejos y confianza, me recordaron que somos mucho más capaces de lo que imaginamos. Ellas reforzaron una idea que ahora llevo conmigo a todas partes: cuando realmente quieres lograr algo, muy pocas cosas pueden detenerte.
Hoy entiendo que rodar va mucho más allá de conducir una motocicleta.
Es sentir el viento en el rostro, descubrir nuevos paisajes, perderse para volver a encontrarse, llegar a lugares lejanos y, al mismo tiempo, acercarse un poco más a uno mismo.
Amo rodar.
Amo salir sin prisa, recorrer kilómetros y descubrir caminos nuevos. Amo llegar lejos, muy lejos, porque en cada viaje encuentro un poco de esa paz que durante mucho tiempo estuve buscando.
Dicen que el tiempo lo cura todo.
Yo descubrí que, a veces, también lo hace el asfalto.