06/10/2026
SERGIO AGUERO: "Mi viejo jamás me dijo que yo jugaba bien. Nunca."
Y cuando me retiré, recién ahí me escribió un mensaje: “Estoy orgulloso de vos”. Lloré. Lloré de verdad. No por tristeza, sino porque esperé toda mi vida escuchar esas palabras. De chico, mi mundo era la pelota. Dormía con mis cuatro hermanos en una sola pieza, con piso de tierra. Muchas veces iba a entrenar con hambre, y otras ni siquiera podía ir porque no tenía cómo llegar. Me quedaba parado en la esquina, esperando que algún vecino del club pasara en auto y me llevara. Si no aparecía, me largaba a llorar. No era bronca con mi papá… era miedo a que el fútbol, mi única salida, se me escapara.
Mi viejo era durísimo. No existía el “bien jugado”. Lo que había era un “así no” o un “si seguís así, no te llevo más”. En ese momento no lo entendía. Hoy sí. Me estaba alejando de los pibes del barrio que a los 13 ya andaban robando. Me exigía porque quería que yo llegara. Su manera era áspera, pero tenía un propósito: que no me desviara.
Y llegué. Llegué a Independiente, a la selección, a Europa, al City. Gané todo.
Pero cuando colgué los botines, cuando la arritmia me obligó a frenar, cuando ya había pasado la ovación del retiro… ahí llegó su mensaje. Solo eso: “Estoy orgulloso de vos”.
Y ahí entendí todo. Que su dureza era amor mal expresado. Que ese mensaje valía más que cualquier título. Porque no me lo dijo cuando hacía goles… me lo dijo cuando más lo necesitaba”