17/08/2026
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¿En qué momento comenzamos a enseñarles que los de enfrente son “los malos”?
Hace algunos años, cuando nuestros niños estaban en una de sus primeras etapas dentro del béisbol, me ocurrió algo que todavía recuerdo.
Siempre he tratado de saludar e interactuar con los niños de otros equipos. En una ocasión saludé a un pequeño y, con toda la seguridad e inocencia del mundo, me dijo:
—Nosotros somos los buenos y ustedes son los malos. Les vamos a ganar.
Sonreí, seguí su juego y le deseé suerte. Sabía que no había malicia en sus palabras, pero me dejó pensando:
¿En qué momento comenzamos a enseñarles que quien usa otro uniforme es “el malo”?
Tal vez aquella frase fue simplemente una ocurrencia de niño. Pero a veces somos los adultos quienes llevamos demasiado lejos las rivalidades deportivas y terminamos transmitiéndolas.
Está bien querer ganar, defender nuestros colores y emocionarnos con nuestro equipo. Lo que no deberíamos necesitar es que al otro le vaya mal para disfrutarlo.
Del otro lado también hay niños que entrenan, se esfuerzan, sueñan y quieren hacer sentir orgullosos a sus papás. Una gran jugada también merece ser reconocida aunque lleve otro uniforme.
Y el béisbol tiene una forma maravillosa de demostrarnos lo innecesarias que pueden ser algunas rivalidades: los niños que hoy compiten desde dugouts distintos, mañana pueden compartir equipo, viajar juntos y hasta convertirse en grandes amigos.
Quizá nosotros tengamos algo que aprender de ellos.
Enseñémosles a querer ganar, no a desear que otros pierdan. A competir, pero también a respetar y admirar lo bueno del que está enfrente.
Porque al final, cuando termina el juego, siguen siendo niños compartiendo la misma pasión.
Que cambie el uniforme, nunca el respeto.