25/05/2026
Hay entrenadores que quieren formar campeones…
pero también quieren quedar bien con todos.
Y ahí empieza el problema.
Porque no puedes perseguir dos cosas al mismo tiempo: la excelencia y la comodidad.
El entrenador que corrige la técnica, exige intensidad y pone límites muchas veces será el “duro”.
El que disciplina incomoda.
El que pide compromiso deja de caerle bien a muchos.
Pero formar voleibolistas reales nunca ha sido un camino cómodo.
Muchos entrenadores pierden generaciones completas por miedo:
miedo a exigir,
miedo a que los jugadores se vayan,
miedo a incomodar a los padres,
miedo a quedarse solos.
Y entonces bajan el nivel.
Permiten indisciplinas.
Normalizan entrenamientos sin intensidad.
Aceptan la falta de compromiso como algo normal.
Pero el jugador sí nota la diferencia.
Porque el deportista que realmente quiere crecer, tarde o temprano termina valorando al entrenador que corrigió cada fundamento, que exigió en cada entrenamiento y que nunca le regaló nada.
Acá en el club no regalamos cosas, posiciones.
Y mucho menos prometemos titularidad o convocatorias
Aquí todo se gana dentro de la cancha:
los minutos,
la confianza,
las oportunidades
y el crecimiento deportivo.
Todo es a base de trabajo, disciplina, constancia y mentalidad fuerte.
Porque en el voleibol el talento solo no alcanza cuando no hay carácter para competir, entrenar y soportar la exigencia.
Entre entrenadores deberíamos entender algo:
no venimos a coleccionar jugadores.
Venimos a formar voleibolistas y personas capaces de competir con disciplina, carácter y compromiso.
El entrenador que busca aprobación de todos, termina perdiendo autoridad.
Pero el que se mantiene firme en su propósito… deja huella para toda la vida.