17/05/2026
Antes de cada pelea hay algo más importante que el ruido del público o la presión del combate: ese momento en el que me siento frente a mi papá a escucharlo.
Porque antes de entrar al área no solo se prepara el cuerpo, también se prepara la mente y el corazón.
El deporte me ha enseñado que la voluntad es seguir adelante incluso cuando el cansancio pesa, que el valor no significa no tener miedo, sino aprender a enfrentarlo. Y aunque muchas veces los nervios aparecen antes de competir, escuchar sus palabras me recuerda todo el trabajo, la disciplina y el esfuerzo que me trajeron hasta aquí.
Mi papá no solo es mi entrenador; es una de mis mayores inspiraciones. Él me enseñó que la confianza se construye entrenando todos los días, levantándote después de cada caída y creyendo en ti aun en los momentos difíciles.
Hay peleas que se ganan con técnica y preparación, pero también hay peleas que se enfrentan con carácter, corazón y confianza. Y en cada una de ellas llevo conmigo algo más fuerte que cualquier miedo: la seguridad de saber que detrás de mí está alguien que cree en mí incluso cuando yo dudo.
Porque al final, más allá de las victorias o derrotas, el verdadero triunfo es compartir este camino con la persona que me enseñó a ser fuerte dentro y fuera del deporte.