30/08/2026
Caminata por el Barrio de San Ángel
"San Ángel no se explica con fechas. Se explica con el paso: el taconeo en el empedrado, el olor a bugambilia mojada, el campanazo de San Jacinto que todavía marca la hora como si el reloj de la ciudad no existiera. Al sur de Álvaro Obregón el barrio se empeña en seguir siendo pueblo. Las casonas de cantera y tezontle no posan para la postal; se quedan ahí, con el portón entreabierto y el patio que huele a naranjo.
Antes de llamarse San Ángel, el paraje era Tenanitla: “junto a la muralla de piedra”. La muralla no la levantó ningún cacique. La vomitó el Xitle. El pedregal quedó como cerca natural y detrás de esa cerca vivían tepanecas tributarios de Coyoacán: gente de milpa, de oficio y de río. El Magdalena les daba de beber y de regar. Cuando cayó Tenochtitlan, esas tierras pasaron al Marquesado del Hernán Cortez. Coyoacán fue capital un rato, mientras reconstruían la ciudad, y por ahí anduvieron los dominicos con su afán de doctrinar
A mediados del XVI plantaron una ermita a la Virgen del Rosario. En 1596, con la fiesta de un santo polaco recién canonizado, el caserío se empezó a decir San Jacinto Tenanitla. La plaza era el ombligo: mercado, chisme, misa y palo de los muchachos. La iglesia de piedra volcánica sigue en su sitio. En el atrio hay una cruz de cantera que la gente pasa de largo, como se pasa de largo lo que ya forma parte del paisaje.
El nombre que se quedó lo pusieron los carmelitas descalzos, que llegaron con hábito, regla y olfato para las huertas. El cacique Felipe de Guzmán Itztlolinqui y los esposos Mondragón y Gutiérrez les soltaron tierras en Tenanitla y Chimalistac. El 29 de junio de 1615 fray Andrés de San Miguel —fraile y alarife— puso la primera piedra del Colegio de San Ángel Mártir. El colegio en dos años; la iglesia entre 1624 y 1626. Detrás, una huerta que daba envidia: perales, manzanos, duraznos, miles de árboles bebiendo del Magdalena. Con esa huerta los frailes se hicieron ricos e influyentes.
La gente dejó de decir San Jacinto Tenanitla y empezó a decir San Ángel, y San Ángel se quedó. Lejos del centro, con aire fresco y agua a la mano. Las familias de dinero bajaban a tomar fresco, a escapar del polvo y del hedor de la capital. Cada dueño empedraba el tramo frente a su casa, como quien pone mantel en su propia mesa. Así nació el San Ángel que todavía se camina: muro alto, zaguán oscuro, jardín escondido, perro que ladra sin ganas.
La Hacienda de Goicoechea —hoy San Ángel Inn— es de esa casta: casco de campo que se hizo restaurante de mantel largo.
En septiembre de 1847 el pueblo despertó con el ruido de las carretas. En la Plaza San Jacinto colgaron a dieciséis del Batallón de San Patricio, irlandeses que se habían pasado al lado mexicano. Otros los ataron a los árboles y los azotaron. La gente del barrio lo vio. No es historia de libro de texto: es cosa que ocurrió frente a la iglesia, a la hora en que normalmente se oye la misa. La placa y el busto de John Riley están ahí para el que quiera leerlos entre el ir y venir del sábado.
Las Leyes de Reforma les quitaron a los carmelitas la huerta. Encima de esos surcos nació la colonia del Carmen hoy Chimalistac (El lugar del escudo blanco). En 1866 llegó el ferrocarril y San Ángel dejó de estar “lejos”. El pueblo se asomó a la ciudad y la ciudad se asomó al pueblo.
El 17 de julio de 1928, en el restaurante La Bombilla, un caricaturista de nombre José de León Toral se acercó a la mesa del presidente electo Álvaro Obregón, le mostró un dibujo y le vació la pi***la. El general cayó entre los cubiertos. De ese almuerzo nació el parque, el monumento y el nombre de la alcaldía. Quien pasea hoy por La Bombilla camina sobre un crimen que el barrio nunca del todo olvidó.
Luego llegaron los artistas, que siempre husmean donde hay patio y silencio. En 1931 Juan O’Gorman les armó a Diego y a Frida dos cubos de color —el de él rojo, el de ella azul— unidos por un puentecito, como si el matrimonio también se pudiera trazar en concreto. Los vecinos se escandalizaron por la peculiaridad arquitectónica de la casa, se enojaron con O'Gorman, pero la casa logro construirse y se volvió parte de los "hitos" de San Ángel Inn."
Agradecimientos especiales a los caminantes nacionales y extranjeros entusiastas que estuvieron presentes en la actividad de hoy.
Créditos fotográficos de CamUrbMx y participantes de la actividad.