24/08/2026
23 AÑOS DESPUÉS...
Hace 23 años entré a un curso de verano de karate sin imaginar hasta dónde me llevaría ese primer paso.
Tenía 13 años.
En la primera fotografía está una parte de aquel comienzo. Éramos jóvenes y niños aprendiendo nuestros primeros movimientos. Para muchos quizá solo era una actividad de vacaciones. Para mí, sin saberlo todavía, estaba comenzando una historia que terminaría marcando mi vida.
Mi primer Sensei fue Salvador Arrocha, con quien obtuve mis primeros grados. Después tuve la oportunidad de estar bajo la tutela del Sensei Marcos Cruz, quien fue parte importante de mi camino y gracias a quien conocí al Renshi Luis Jorge González, hoy Shihan, y al Shihan Juan Andrade.
Con ellos llegaron años de entrenamiento, aprendizaje, errores, sacrificios y crecimiento, hasta alcanzar mis primeros grados de Cinta Negra.
Muchos años después, el camino me llevó a recibir mi 4.º Dan, otorgado por el Sensei Juan Carlos Corona y el Shihan Luis Jorge González.
Pero cuando observo estas dos fotografías, me doy cuenta de que el grado no es lo que más me emociona.
Lo verdaderamente importante está en todo lo que existe entre una fotografía y la otra.
Porque entre esas dos imágenes hay 23 años de historias.
Hay entrenamientos que terminaron en agotamiento, competencias, viajes, triunfos, derrotas, errores, aprendizajes, seminarios, cursos y momentos que jamás olvidaré.
También están todos los grandes maestros que he tenido la fortuna de conocer en este camino, nacionales e internacionales, y de quienes siempre he tratado de llevar conmigo alguna enseñanza.
Me gustaría escribir aquí el nombre de cada persona que ha aportado algo a mi formación, pero seguramente sería injusto al olvidar involuntariamente a alguien.
Por eso simplemente quiero decir:
gracias a todos los que en algún momento del camino compartieron conmigo parte de sus conocimientos, experiencia y tiempo.
Cada enseñanza ha dejado algo.
Y todavía queda muchísimo por aprender.
Vamos por más entrenamientos, más clases, seminarios, diplomados, viajes y, sobre todo, más historias y anécdotas por vivir.
En la primera fotografía está aquel muchacho de 13 años que apenas comenzaba a descubrir el karate.
En la segunda estoy como Sensei, acompañado por algunos de los alumnos que comenzaron desde cero conmigo, cuando Makoto también era apenas un sueño, una idea y una enorme ilusión.
Hoy ellos son Cintas Negras.
Y quizá ahí comprendí algo que ningún grado puede representar por completo:
un verdadero legado no es la cinta que llevas en la cintura, sino aquello que eres capaz de dejar en quienes vienen detrás de ti.
El karate que un día recibí de mis maestros, hoy tengo la responsabilidad y el privilegio de transmitirlo a nuevas generaciones.
Después de 23 años, sigo siendo alumno.
Sigo entrenando, estudiando y buscando comprender cada vez más la historia, las raíces y la evolución del karate. Porque mientras más avanzo, más entiendo todo lo que todavía me falta por aprender.
Makoto nació también de ese camino.
De la ilusión de crear algo propio sin olvidar a quienes estuvieron antes.
De formar karatecas, pero sobre todo personas con disciplina, carácter, respeto y valores.
Algún día espero mirar otra fotografía, muchos años adelante, y encontrar en ella a alumnos convertidos en Sensei, formando a sus propias generaciones.
Tal vez entonces alguno recuerde:
“Yo también empecé desde cero en Makoto.”
Y la historia volverá a comenzar.
🥋 De alumno a Sensei.
De un curso de verano a 23 años de camino.
De recibir enseñanzas a comenzar a transmitirlas.
De un sueño llamado Makoto… a construir un legado.
23 años después sigo aprendiendo.
El camino continúa.