06/05/2026
Entre el murmullo constante de las cascadas que caían sobre la piedra musgosa y el aroma a tierra húmeda y ocote que se colaba entre los encinos, compartimos risas sin prisa con los amigos mientras el sendero de Los Berros nos regalaba claros de vegetación tupida, sombra fresca y una comida sencilla que supo a gloria lejos del ruido, el concreto y la rutina, recordándonos que la verdadera paz cabe en un plato compartido junto al agua, rodeados de helechos, cantos de aves y esa calma verde que solo existe fuera de todo lo que abunda en la ciudad.