20/03/2026
Un patrón muy humano que se repite en muchos ámbitos —o más bien una creencia— es algo que veo mucho últimamente, seguramente por mi propia preparación y el camino andado en los últimos meses.
Y ese patrón o creencia nos dice a muchos que con ir al psicólogo o a grupo se va a resolver el problema… como si el que tuviera que hacer el trabajo aquí fuera el profesional.
Y cuando se trata de desarrollo personal, esa premisa no aplica.
En el caso de los adictos —y créanme— todo lo que les cuente en este post sucede, y más de lo que ustedes se imaginan.
No es juicio de mi parte, es una observación profunda de cómo la adicción contribuye a nublar el sano juicio… o el sentido común.
¿Será? Veamos.
Veo que un gran porcentaje de personas invitan a grupos de JA, y una vez que llegan los que llegan, se les pide que sigan viniendo.
Puedo decir que, en mi experiencia en grupo, de la gran mayoría de personas que llega, sólo un mínimo porcentaje se queda.
Y de ese mínimo, la mayoría no dura mucho.
Aunque las asistencias a juntas sean muy concurridas en algunos momentos… vamos a decirlo así, en crudo:
No hay mucha recuperación real.
Puede haber mucha abstinencia.
Pero un porcentaje alto de recuperación real —de personas que atravesaron el programa completo, incluyendo cuarto y quinto paso, que llegaron al 12 experimentándolos TODOS y que no apuestan porque ya no sienten ningún deseo de evadirse— hay muy pocos.
O habemos muy pocos.
Sé que este post puede desatar un tornado de respuestas y enojo.
Sin embargo, lo que les voy a platicar es mi verdad: cómo lo vi, lo viví, lo entendí y lo experimenté.
Y fue medible en mi querido grupo de Jugadores Anónimos Plaza Polanco.
Y hay testigos que lo acreditan.
He mencionado en otras ocasiones la tribuna de Rox, cuando dijo que tenía que ocuparse de su recuperación y dejar de ocuparse del dinero.
Esas palabras me hicieron click en el cerebro, en el cuerpo y en el alma.
Y me di a la tarea de recuperarme. Empecé por leer literatura.
Ya tenía idea de los pasos, pues años antes había ido a OA, pero esta vez me dediqué a estudiarlos a fondo.
Iba a juntas de CoDA, porque ahí hacían estudio una o dos veces por semana.
Iba a juntas de JA diario, o casi diario —con excepción de cuando de verdad no podía por trabajo— pero casi diario estaba ahí.
Comprometida con mi grupo.
Coordinando juntas.
Compartiendo mis experiencias.
Animando a los nuevos a intentarlo.
En mi grupo no había estudio.
Nunca nadie se había ocupado de poner atención a ese detalle.
Como en la mayoría de los grupos, se le da prioridad a la “tribuna”: a la catarsis.
Y creo que ahí empieza el fenómeno real:
lo que mantiene a muchos adictos activos.
Si no hay estudio de los pasos, ni su aplicación y experimentación en la vida diaria… la recuperación no sucede.
(Sí, aparte de la tribuna y de la abstinencia, por supuesto).
Era muy frustrante ver bienvenida tras bienvenida… que no regresaba.
Un día pedí permiso para hacer los martes una junta de estudio.
Y me lo concedieron.
El primer martes, llegué a junta dispuesta a coordinar estudio.
Empezaron a llegar personas… y cuando no entendían qué pasaba y les decía que los martes serían juntas de estudio, la mayoría se salía.
Los que se quedaron salieron felices.
Y les digo: no se quedaron más de 3 o 4 personas hasta el final.
Al siguiente martes se corrió la voz.
Pasó lo mismo… pero ya había más que llegaron a JUNTA DE ESTUDIO.
Después de unos cuantos martes, la junta de estudio se llenaba a tope.
En las tribunas se oían menos groserías… y más recuperación.
Ya no solo había tribunas de autoconmiseración, sino de veintes que caen…
y de lo bien que se siente tener un acto de amor propio como ir a junta o entregarle el día a Dios.
Yo lo único que hice para que esto sucediera fue hacer lo mío.
Seguir los pasos, incluyendo el 12.
Y lo que hicieron todas esas personas que encontraron un camino de recuperación en esas juntas… fue hacer lo suyo también.
Nada ocurre mágicamente.
La literatura del programa dice: “la fe sin obras es fe muerta”, o sea ir a pasar lista sin abrir espacio para que entre el saber y la voluntad para hacerlo, de nada va a servir.
Pero dice bien la sabiduría popular:
“cuando el alumno está listo, el maestro aparece”.
Es un decir, yo no soy maestra, sino Coach de Vida.
Y tú, ¿estás listo para aprender una manera diferente de vivir, como muchos que lo logramos a través de los 12 pasos?
Te leo.
¿Aún no?
Cuéntame qué te detiene para dejar de sufrir.