26/09/2025
A los 24 años le diagnosticaron celiaquía y sintió que todo se derrumbaba. Pasó de llevar una vida “normal” a sentirse perdida, sin rumbo y sin saber cómo gestionar su salud. Encadenó meses de médicos y pruebas sin respuestas, dietas cada vez más restrictivas y un cuerpo que gritaba con hinchazón, dolor abdominal, gases y estreñimiento constante. Su relación con la comida estaba llena de miedo y culpa.
Cuando comenzamos a trabajar juntos, con 26 años y 73,4 kg, la situación era complicada: celiaquía, reflujo, disbiosis, intolerancias, cero educación nutricional y un desorden emocional enorme. Hubo altibajos, momentos en los que parecía que todo se torcía, incluso retrocesos. Pero el enfoque siempre estuvo claro: aprender, sanar y construir desde la base.
Hoy, con 68 kg, es mucho más fuerte, entrena con constancia y su vida gira en torno al movimiento. Pero lo más importante no ha sido la báscula. Lo más importante es que ha hecho un cambio mental increíble: ahora sabe escuchar a su cuerpo, entiende qué le sienta bien y qué no, disfruta de la comida sin miedo, ha recuperado la confianza y vive con paz en lugar de culpa.
El cambio físico se ve, pero el verdadero salto ha sido interno. De estar atrapada en la frustración a vivir con libertad, seguridad y control. Porque cuando trabajas en la raíz del problema y educas de verdad, los resultados no solo llegan… se quedan para siempre.