27/11/2019
¿Conoces esa sensación de estar disfrutando de tu tarde de domingo en ese sillón de tu casa, comprado o no en Ikea? ¿estar con la posición completamente cogida, creyendo que dicho sofá se fabricó expresamente para ti? No te moverías ni para coger el móvil porque no necesitas nada más que disfrutar de ese momento de tranquilidad. Pero de repente, abruptamente en esa película de acción, la trama sube de nivel y la escena del sinfín de tiros te despierta. Adormecido, desorientado, con la desesperación del niño que sabe que queda un minuto para que cierren esa atracción que tanto le gusta, pero que no encuentra el tique que le otorga el derecho a subir, buscas el mando de la tv que ha decidido jugar al escondite, para tu desesperación. Cuando estás a punto de sucumbir y encender la luz, observas un vestigio de lo que puede ser y debe ser tu mando. Sacas fuerzas de donde crees que no puede haber ni rastro, y cual animal de fauna ibérica, efectúas una maniobra violenta para lograr alcanzar un dispositivo que no hace mucho estaba tan lejos. En ese momento tu cuerpo, al que has llevado al límite, sufre. Sientes un pinchazo pero no logras perceptir de dónde viene. En ese momento intentas seguir disfrutando del filme pero sabes que algo no va bien, no puedes estar al 100% porque sabes que algo por dentro no está carburando bien. En ese preciso instante es cuando sabes que esa llamada no puede esperar más y debes de acudir a tu fisio de confianza
Así que para seguir disfrutando de la peli, no olvides pedir tu cita a Mely.