15/12/2025
Deambulo por sus calles aún a medio gas en busca de algo para espabilarme.
7:30 de la mañana, la ciudad comienza a despertar y el "restaurante" ya está a rebosar, como el té que sus comensales piden nada más entrar, al grito de "chai", para así comenzar otra calurosa jornada.
Saludos matutinos, risas y charlas al tiempo que pellizcan sus snacks fritos, ya sean salados o dulces, y algún que otro móvil deleitando a los comensales con música bien alta, siempre sin preguntar, algo común por estos lares.
Eso sí, hombres y más hombres y tan solo alguna mujer local que pide su desayuno para llevar.
Y aquí estoy yo, camuflándome como puedo con mi lungi (vestimenta masculina local) y observando entre sorbo y bocado lo que a mí alrededor acontece, reflexionando acerca de India después de una larga noche de desvelo a causa de los mosquitos.
Dos chais y un par de snacks después, pago mi cuenta y salgo de la burbuja en la que me encontraba inmerso para percatarme de que la vida, oficialmente, ha comenzado en este 12 de diciembre y la ciudad se despereza poco a poco.
El silencio ha sido eclipsado por los continuos pitidos de motos y autobuses que llevan lxs niñxs al colegio, los comercios comienzan a abrir, las primeras bicicletas se dejan ver, y la tranquilidad del amanecer en sus calles se desvanece en lo que para mí ha sido un suspiro.
¿Cuánto tiempo habré pasado ahí dentro? No lo sé, pero lo suficiente como para saber que no quiero que este "sueño" indio se desvanezca una vez más.
Bueno, dejo el móvil que la vida continúa aquí fuera y no quiero perderme nada.