25/11/2025
Hoy no es un día más, es un día para mirar de frente una realidad que duele, pesa y todavía apaga voces.
Esta foto —mi ojo morado— representa a mujeres que hoy viven con miedo.
Miedo a quien la golpea.
Miedo a quien la humilla.
Miedo porque alguien decide que tiene derecho sobre su cuerpo, su libertad o su luz.
Pero la violencia hacia la mujer empieza cuando se nos ningunea,
cuando se nos ridiculiza,
cuando se nos llama “exageradas”,
cuando se nos silencia,
cuando se infiltra el gaslighting en casa,
cuando un narcisista nos desdibuja la identidad
hasta que dejamos de reconocernos en el espejo.
Empieza al exigirnos cargar con toda la responsabilidad emocional,
cuando la maternidad se convierte en herramienta de control,
cuando se nos aparta profesionalmente por ser madres,
cuando se nos paga menos,
cuando se nos pide que renunciemos a nuestros derechos
“por el bien del trabajo”,
“por el bien de la familia”,
“por el bien de la empresa”.
Nos han enseñado a sobrevivir.
𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐭𝐨𝐜𝐚 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐚 𝐯𝐢𝐯𝐢𝐫.
Porque la mujer —la verdadera energía femenina—
es creación, vida, intuición, luz, fuerza suave, presencia, sensibilidad y verdad.
La sociedad nos obliga a ser
más duras, más productivas, más racionales, más sumisas, más silenciosas…
como si la libertad estuviera en parecernos a un hombre,
cuando la verdadera libertad nace de ser profundamente mujeres.
Necesitamos un sistema que deje de castigarnos
por ser creadoras de vida,
por ser cuidadoras,
por sentir,
por maternar,
por existir.
Un sistema que comprenda que la violencia contra una mujer
es un ataque contra la humanidad entera.
Contra la vida misma.
💜 𝐇𝐨𝐲, 𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐛𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐭𝐨𝐝𝐚𝐬.
𝐏𝐨𝐫 𝐥𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐮𝐝𝐢𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐬𝐚𝐥𝐢𝐫.
𝐏𝐨𝐫 𝐥𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐚ú𝐧 𝐧𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞𝐧.
𝐏𝐨𝐫 𝐥𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐲𝐚 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭á𝐧.
𝐏𝐨𝐫 𝐥𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐨𝐲 𝐞𝐬𝐭á𝐧 𝐞𝐦𝐩𝐞𝐳𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐭𝐚𝐫.
Y por ti, si estás leyendo esto y sientes que algo de lo que digo te duele más de lo que debería.
No estás sola.
Tu voz importa.
Tu historia importa.
Tu luz importa.
Y nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a apagarla.
— Cristina Neila