30/08/2026
✍️🔴 | Tras la derrota 3-0 de El Nacional ante Gualaceo, que lo deja deportivamente descendido a segunda categoría, vale la pena hacernos una incógnita...
¿Cómo carajo llegamos hasta aquí? ¿Cómo un gigante que debía estar peleando títulos con Barcelona, Liga, Emelec e Independiente del Valle terminó hundido?
Hay que mirar al origen de la debacle: Rafael Correa y la eliminación de los aportes obligatorios de las Fuerzas Armadas. De un momento a otro, se cortó una fuente de financiamiento que El Nacional tenía desde su nacimiento por su propia naturaleza institucional.
Algunos podrán llamarlo “sanguijuela del Estado”. La analogía puede ser válida para describir su dependencia, pero hay que entender algo: ese vínculo no apareció de la nada ni fue un privilegio inventado posteriormente. Era parte de su estructura de nacimiento, tal como Liga estuvo vinculada a la Universidad Central, Emelec a la Empresa Eléctrica, Aucas a Shell o Deportivo Quito a sus mecenas y estructuras gremiales.
El Nacional no era solamente un equipo de fútbol. Era la conexión entre las Fuerzas Armadas y la sociedad civil a través del deporte. Fútbol, básquet, atletismo, formaban parte de una estructura deportiva que durante décadas fue ejemplo en el país.
Correa decidió romper aquello, impulsado también por su enfrentamiento ideológico con el pasado militar y por sus cuestionamientos a los éxitos del club durante las dictaduras. Pero El Nacional nunca tuvo la culpa de una dictadura ni de la historia política del país.
El gran problema fue que, después de quitarle ese modelo, no existió una transición adecuada. Y ahí también aparece la responsabilidad de nuestros dirigentes.
Yunda, Vallecilla, Pazos, Manjarrez y quienes administraron posteriormente el club tuvieron la obligación de construir un nuevo modelo. No lo hicieron. La institución quedó a la deriva, perdió estructura, patrimonio, competitividad y finalmente su lugar en el fútbol ecuatoriano.
El Nacional no murió, lo dejaron morir.