25/06/2013
Cuentan que en la carpintería, hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El ma****lo ejercitó la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar.
¿ La causa? Hacia demasiado ruido. Y además , se la pasaba todo el tiempo golpeando.
El ma****lo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que habia que darle muchas vueltas para que sirviera para algo.
Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato, y siempre tenía fricciones con los demás.
Y la lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro, que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el ma****lo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente ,la tosca madera inicial se convirtió en un lindo juego de ajedrez
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación . Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho,
y dijo: “ Señores , ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en los aspectos buenos.”
La asamblea encontró entonces que el ma****lo era fuerte , el tornillo unía y daba firmeza, la lija era especial para afinar y limar asperezas, y observaron que el metro era preciso y exacto. Desde ese entonces se sintieron un equipo capaz de producir y hacer cosas de calidad.
Ocurre lo mismo con los seres humanos. Es fácil encontrar defectos. Cualquier tonto puede hacerlo. Pero saber capitalizar las cualidades de las personas que nos rodean y ponerlas a funcionar con éxito eso es privilegio únicamente de los verdaderos espíritus superiores.