22/12/2025
|| LA MISIÓN MANUELA ESPEJO LLEGÓ A TODOS LOS LUGARES DEL PAIS.
Las rodillas sucias del Presidente en el Suburbio Oeste 🥺🦽🇪🇨
Sucedió durante los primeros años de la Misión Solidaria Manuela Espejo, esa cruzada que sacó de las sombras a miles de ecuatorianos olvidados.
La brigada había llegado a una de las zonas más pobres del Suburbio Oeste de Guayaquil. El calor era insoportable, de esos que hacen que el aire pese, mezclado con el olor del estero salado. La casa era apenas un cuarto de caña guadúa y piso de tierra apisonada.
Allí vivía Doña Carmen con su hijo, "Jorgito", un hombre de casi 40 años que había pasado toda su vida postrado en un colchón viejo en el suelo, víctima de una parálisis severa. Para el Estado, Jorgito no había existido nunca; no tenía cédula, ni historia clínica, ni esperanza.
Ese día, la avanzada de seguridad estaba nerviosa. El lugar era estrecho, el piso era lodo seco y el entorno era difícil. Le sugirieron al Presidente esperar afuera mientras los médicos hacían la entrega técnica de la silla postural y el colchón antiescaras.
Rafael, empapado en sudor y con la camisa pegada al cuerpo, ignoró la sugerencia y entró.
El contraste era brutal. El hombre más poderoso del país dentro de esa casita que se caía a pedazos. Al ver a Jorgito en el suelo, intentando sonreír con dificultad, el rostro de Correa se transformó. No era lástima lo que reflejaba, era una ira contenida por décadas de abandono.
Los brigadistas intentaron levantar a Jorgito para pasarlo a su nueva silla especial.
—"Esperen", dijo Rafael.
Sin importarle el lodo del piso, ni el protocolo, ni las cámaras que no cabían en el cuarto, el Presidente se arrodilló en la tierra. Con una delicadeza que contrastaba con su imagen pública de confrontación, pasó sus brazos por debajo de la espalda y las piernas de Jorgito.
Doña Carmen, la madre, empezó a llorar en silencio tapándose la boca.
Rafael mismo lo levantó. Jorgito, quizás por un espasmo involuntario o quizás por pura emoción, recostó su cabeza en el hombro del Presidente durante los segundos que duró el traslado del suelo a la silla.
Cuando finalmente lo acomodó, Rafael se puso de pie. Tenía los pantalones de vestir manchados de tierra en las rodillas y el hombro de la camisa húmedo por la saliva de Jorgito.
Un asesor se acercó rápidamente con una toalla húmeda para limpiarlo antes de salir ante la prensa. Rafael le apartó la mano bruscamente.
—"¡Deja eso ahí!", le dijo en voz baja pero firme. Y mirándolos a todos en ese cuarto pequeño, sentenció:
🗣️ "Estas manchas en las rodillas son las medallas más importantes que me voy a llevar de este gobierno. Porque significa que por fin nos agachamos para levantar a quienes este país mantuvo en el suelo por siglos. La dignidad no se entrega por decreto desde un escritorio, se entrega así, cuerpo a cuerpo".
Ese día, el Presidente salió a dar su discurso con los pantalones sucios, y nadie se atrevió a decirle nada. Doña Carmen dice que ese fue el día que su hijo, por primera vez en 40 años, fue tratado como un ciudadano de primera clase.
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