Desde La Historia Hasta La Actualidad

Desde La Historia Hasta La Actualidad Hace poco asignaron a una sola persona para que las pintara.

Hace más de tres meses cerraron las canchas de basquetbol, también la pista de atletismo de la Sabana, para darles mantenimiento, pero cada vez que uno pasa por ahí, no hay nadie trabajando.

25Lo identificó luego como perteneciente a Isaías. Más tarde persuadió al metropolitano de que le permitiera fotografiar...
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Lo identificó luego como perteneciente a Isaías. Más tarde persuadió al metropolitano de que le permitiera fotografiar todos los rollos y lo convenció de que su valor se acrecentaría si se publicaban y se estimulaba el interés hacia ellos. Esta decisión, como veremos, resultó afortunada por una parte e infortunada por otra.
Sin embargo, nada pudo hacerse de inmediato. En el curso de la batalla por Jerusalén, la energía eléctrica había sido cortada. Parecía dudoso que pudiera obtenerse luz para fotografiar los manuscritos. Mientras el doctor Trever y su colega el doctor William H.
permanecían a la espera de los acontecimientos, se valieron de lámparas de petróleo y buscaron en la biblioteca todo lo que pudiera ilustrar de algún modo lo referente al papiro Nash. Hacia la medianoche, estaban casi seguros de que el nuevo rollo de Isaías era antiguo, o más, que aquél. ¨Pude dormir, aunque con dificultad -escribe el doctor Trever-, la nueva prueba continuaba dando vueltas en mi mente. Todo aquello parecía increíble. ¿Sería cierto?¨
A la mañana siguiente se reanudó la energía eléctrica. Faltaban aún cincuenta y cuatro columnas de Isaías. Cuando llegó el mediodía, estaban muy lejos de haber terminado. Los sirios se quedaron a almorzar. ¨Recordaremos siempre con placer la hora de camaradería en torno a la mesa -escribe Trever-, nos proporcionó un sentimiento de cristianismo ecuménico y estrechó nuestra amistad con los sirios tanto como nuestro conocimiento de ellos. ¨El metropolitano, por supuesto, se deleitaba con que su fe en la antigüedad de los rollos finalmente se hubieran justificado. No queriendo divulgar el secreto del escondite, había dicho primero a los miembros de la Escuela que

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los rollos eran manuscritos sin catalogar que habían aparecido en la biblioteca del monasterio. Más tarde, cuando ganaron su confianza, les refirió la historia completa. El doctor Trever le explicó al punto que las leyes palestinenses sobre antigüedades exigían que cada descubrimiento fuera inmediatamente declarado. El metropolitano aseguró que, en lo futuro, cooperaría escrupulosamente con el Departamento de Antigüedades y con la Escuela.
Después de comer, volvieron a la tarea. Ciertas secciones de los rollos estaban reducidas a fragmentos y fue necesario reajustarlas. Las unieron con papel engomado, pero se despegó pronto. Apenas habían logrado acabar con dos rollos cuando, por la tarde, los sirios tuvieron que volver al monasterio. El metropolitano les dejó otros dos que resultaron partes de un mismo documento. Era casi imposible desenrollar el más pequeño, tan pegado estado. Consideraron que era un problema que debía estudiarse cuidadosamente, y el metropolitano se lo llevó.
Inmediatamente el doctor Trever expidió copias de Isaías al doctor W. F. Albright. Este erudito, que pertenece a la Johns Hopkins, es uno de los principales arqueólogos en asuntos bíblicos y una autoridad en lo que se refiere al papiro Nash, al cual dedicó muchos años de estudio. El 15 de marzo recibieron noticias de él por correo aéreo. Había escrito el mismo día en que recibió la carta: ¨¡Mis más cordiales felicitaciones por el descubrimiento más importante hecho en tiempos modernos! No dudo en absoluto de que la escritura es bastante anterior a la del papiro Nash... Propondría una fecha cercana al año 100 a. C.... ¡Qué hallazgo más increíble! y felizmente no puede haber duda acerca de su autenticidad.¨

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21 de una vasija. Me mostró un fragmento escrito en pergamino. ¿¡Genizah!? ¹ 27 de noviembre de 1947.En casa de X VI cua...
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de una vasija. Me mostró un fragmento escrito en pergamino. ¿¡Genizah!? ¹

27 de noviembre de 1947.
En casa de X VI cuatro pedazos de cuero escritos en hebreo. El manuscrito me parece antiguo, mucho más que la escritura de la inscripción de Uzziah. ¿Es posible? Me dice que también hay vaijas. Miré ligeramente un fragmento. Encontré un buen hebreo bíblico y un texto desconocido para mí. X dice que se lo trajo un beduino de la tribu Ta'amira.

29 de noviembre de 1947.
Por la mañana estuve en casa de X. Volví a mirar los pergaminos. Sugieren raros pensamientos. Por la tarde fui con X a Belén. Vi las vasijas. Me resulta difícil decir sobre la fecha. Las traje conmigo. Esta noche he oído que la partición propuesta ha sido aceptada por más de las dos terceras partes de la mayoría. ¡Felicitaciones!
Se trataba de la partición de Palestina, votada ese día por las Naciones Unidas. La atmósfera se encontraba muy tensa. Sukenik había consultado a su hijo, oficial en el grupo secreto de la defensa judía llamado Haganah, acerca de si los caminos resultarían bastante seguros para hacer la jornada hasta Belén. ¨Como militar -dijo el joven Sukenik, hoy general Yigael Yadin-, le contesté que no debía hacer el viaje; como arqueólogo, que tenía que ir; como su hijo, que mi opinión debía quedar secreta. ¨El padre fue a Belén y trajo a su regreso, con excepción de uno, todos los rollos del segundo lote. En él figuraban tres manuscritos, uno de ellos en tres pedazos, y un puñado de fragmentos. Abiertas y salvajes hostilidades estallaron al día siguiente. Los árabes intentaban aislar a sus

¹ Genizah es una habitación de la sinagoga donde se acumulan los viejos manuscritos desechados. Todos los manuscritos de la sinagoga son sagrados y no pueden ser destruidos. Sukenik supuso que la cueva del Mar Mu**to se había usado como Genizah.

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enemigos contando las comunicaciones con Tel-Aviv. Tendían emboscadas a los autobuses judíos para luego quemarlos y tirotearlos.
Continúa el diario de Sukenik:

1° de diciembre de 1947.
X dice que no debemos vernos en el próximo futuro a causa de la huelga árabe proclamada para los tres días venideros.
He leído algo más de los ¨pergaminos¨. Temo ir demasiado lejos cuando pienso en ellos. Debe ser que éste es uno de los más grandes hallazgos que se hayan hecho nunca en Palestina. Un hallazgo que jamás se esperó.

5 de diciembre de 1947.
Más asesinatos. La huelga termina hoy, pero no la violencia. El hallazgo no me deja en paz. Estoy ardiendo por saber qué resultará de todo esto. Es preciso deducir que en los alrededores hay muchas otras cosas de la misma especie. Quién sabe qué sorpresas nos aguardan todavía.

6 de diciembre de 1947.
Noche. Me siento y pienso insistentemente en los rollos. ¿Cuándo veré otros más? Paciencia, paciencia.

21 de diciembre.
Días de terror. Me puse en contacto con X. Nos encontraremos mañana a la tarde cerca de la puerta [de la Zona de Seguridad].
Regresé. Compré otro rollo en muy malas condiciones.

13 de enero de 1948.
Fui al Correo Mayor [cerca del límite]. Vino X. Prometió establecer contacto con Belén. Cuando lo dejé, recité la bendición Hagomel.²

31 de diciembre de 1948.
Ha concluido un año histórico en la historia de nuestro pueblo. Un año doloroso. Matti ha mu**to, Dios lo bendiga.³
Si no fuera por el Genizah, el año habría sido intolerable para mi.

² Bendición que se dice cuando se escapa de un peligro mortal.
³ Matti era el menor de los hijos de Sukenik. Se perdió en acción actuando como piloto de guerra.

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La excitación del descubrimiento de los rollos había permitido a Sukenik olvidar la guerra. En momentos en que la Legión Árabe bombardeaba las oficinas de la Agencia Judía situada en el centro de la Jerusalén Nueva, no dudó en citar cada tarde, entre las tres y las cinco, a conferencias de prensa, prometiendo importantes noticias. Para aguardar allí se requería cierto temple. Un corresponsal norteamericano, que se había desmayado en la calle durante el trayecto, tuvo que ser transportado por sus colegas. Los reporteros se quedaron de una pieza cuando Sukenik, que parecía casi imperturbable bajo los fogonazos y las detonaciones, anunció el descubrimiento de los rollos del Mar Mu**to. Como les dijo, salvo algunos fragmentos, eran los primeros manuscritos hebreos antiguos que se conocían. Pensaba él que debían pertenecer al primero o al segundo siglo a. C. Los periodistas escucharon el nombre de Isaías y algo acerca de un hasta entonces ignorado trabajo al cual Sukenik dio el título de ¨La guerra de los hijos de la Luz contra los hijos de las Tinieblas. Cuando lo estaba mencionando, estalló una granada. Los reporteros habían estado al comienzo un poco malhumorados de que se les hubiera pedido que arriesgaran el pellejo por unos manuscritos viejos; pero terminaron impresionándose con el avasallador entusiasmo del erudito.
No fue, sin embargo, hasta febrero de 1948 cuando el metropolitano Samuel consiguió ponerse en contacto con alguien que pudiera informarle acerca de los rollos. Uno de sus monjes, el hermano Butros Sowmy, recordó que diez años antes, cuando tuvo ocasión de visitar la Escuela Americana de Investigaciones Orientales, había sido bien recibido allí. Aconsejó al metropolitano que se comunicara con ella. Éste lo hizo así. El hermano Butros Sowmy llevo

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los rollos a la Escuela Americana el 18 de febrero y los mostró al director en funciones, doctor John C. Trever. El verdadero director, doctor Milar Burrows, de la Facultad de Teología de Yale, estaba realizando una excursión por el Irak. El doctor Trever, joven de poca experiencia, no fue capaz de estimar, como el profesor Sukenik, la edad probable de los manuscritos. Pero, cuando comenzó a sospechar lo que significaban, también él se excitó. ¨Recordé la caja de fotografías referentes a What Lies Back of Our English Bible,⁴ que se encontraba sobre mi escirtorio -escribe en Biblical Archaeologist-, revisé las sección de primitivos manuscritos hebreos. Un vistazo a la ilustración que muestra el códice del Museo Británico, perteneciente al siglo IX, me demostró que los rollos eran mucho más antiguos. La siguiente fotografía que estudié fue la del papiro Nash, pequeño fragmento que se encuentra en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge y que contiene el Shema y los Diez Mandamientos¨ Ahora bien, el papiro Nash, comprado por un inglés a un tratante egipcio hace alrededor de cincuenta años, está en caracteres arcaicos, los cuales, por ese entonces, tampoco eran bien conocidos. Se le había considerado como el más viejo manuscrito hebreo existente. Varias autoridades le asignaron fecha. Hay quienes lo consideran situado entre comienzos del segundo siglo a. C. y fines del primero d. C. Es natural, pues, que el doctor Trever se alborozara al ver que ¨la similitud entre el manuscrito del papiro y el de los rollos era notable¨. Pero agrega que ¨la ilustración era demasiado pequeña para ayudar mucho¨. Trever carecía en ese momento de cámara fotográfica. Copió un pasaje de un rollo.

⁴ Lo que se encuentra detrás de nuestra Biblia inglesa. [T.]

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17tropolitano los mostró a un tal padre Van der Ploeg, erudito holandés visitante de la Escuela Bíblica, quien identific...
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tropolitano los mostró a un tal padre Van der Ploeg, erudito holandés visitante de la Escuela Bíblica, quien identificó en uno de los rollos el texto de Isaías. Pero sus compañeros de la institución lo desanimaron y no continuo la tarea.
El metropolitano llevó entonces los rollos al patriarca sirio de Antioquía, quien pensó que no podían tener más de tres siglos de antigüedad. Le sugirió, sin embargo, que consultara al profesor hebreo de la Universidad Americana de Beirut. El metropolitano fue a Beirut, donde encontró que el profesor había salido de vacaciones. Decidió entonces estudiar por sí mismo el problema. De vuelta a Jerusalén, consiguió que un amigo suyo del Departamento de Antigüedades le proporcionara algunos libros sobre alfabeto hebreo. El arqueólogo sirio le aseguró que estaba perdiendo el tiempo y que los rollos ¨no valían un chelín¨. Sin embargo, llevó al monasterio a un judío de la Ciudad Nueva, llamado Tovia Wechsler, que era algo docto en hebreo. La visita de Wechsler, de acuerdo con el testimonio del metropolitano, ocurrió a fines de septiembre. Según Wechsler, había tenido lugar en julio. La manifestación de éste acerca de los rollos resultó también en desacuerdo con lo que más tarde se supo de ellos en definitiva. Tampoco él pudo creer que fueran tan antiguos como el metropolitano esperaba. Wechsler señaló la mesa sobre la cual habían extendido los manuscritos-en este aspecto tanto él como el metropolitano concuerdan-y declaró: ¨Si esta mesa fuera una caja y usted la llenara con billetes de una libra, no llegaría al valor de los rollos, si, como usted dice, tienen dos mil años de antigüedad.¨ No creyó tampoco el relato del hallazgo en la cueva próxima al Mar Mu**to. Examinado uno de los rollos, advirtió que en los márgenes y en la base de las co-

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lumnas, en el lugar donde comenzaban a mostrarse destruidos, había correcciones escritas con una tinta que contrastaba por su claridad con la del copista original. Dedujo de esto que ¨una comunidad muy pobre había utilizado los rollos durante un tiempo considerable y que éstos habían sido abandonados recientemente¨. Llegó a la conclusión de que los manuscritos habían sido robados de una sinagoga palestinense en ocasión de los motines árabes llevados a cabo contra los judíos en 1929. Reconoció el texto de Isaías y observó que difería ligeramente del texto masorético. Creyó que el segundo rollo examinado po él era un rollo Haftaroth, es decir, una selección de los profetas para uso de las sinagogas. Pero ningún Haftaroth ha aparecido entre los rollos hoy conocidos. El metropolitano dice que lo que Wechsler tomó por un Haftaroth era un manuscrito de la Tora (Pentateuco) que le mostraron durante la visita y que nada tenía que ver con el lote del Mar Mu**to. Como se comprobó después, entre los rollos del lote figuraban tres libros desconocidos que no pertenecían a la Biblia. Hay quienes piensan que Wechsler debió confundir alguno de ellos con un rollo moderno de sinagoga. Pero Wechsler replica a esta opinión que le recuerda ¨el relato acerca de un hombre que decía había visto un camello y, después de haber descrito minuciosamente el animal, alguien del auditorio le interrogó: ´¿Quizá vio usted un gato?´ ¨ El incidente permanece bastante oscuro. Cuando la Escuela Americana de Investigaciones Orientales examinó el asunto, el único manuscrito hebreo que los investigadores encontraron n la biblioteca del monasterio fue un Tora relativamente moderno.
¨Es inútil decir que me sentí desanimado-escribe el metropolitano-, pero aún tenía la sensación de

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que estaban en un error.¨ En principio se puede encontrar asombroso que un hombre de su importancia en Jerusalén, pues equivale a un arzobispo occidental, tardara tanto en descubrir autoridades competentes, las cuales, sin embargo, estaban al alcance de la mano. Pero la falta de conocimiento e interés demostrado por unos grupos respecto de los asuntos de los demás sorprende a menudo en Jerusalén. En la discusión publicada acerca de los rollos se encuentra, por ejemplo, que a veces se alude al metropolitano Samuel llamándolo ¨el Patriarca¨. Durante una visita reciente a Israel y conversando con algunos eruditos en la Ciudad Nueva, me sorprendió su vaguedad cuando hablaban de él. Aunque había abandonado el monasterio en 1948, algunos suponían que aún estaba allí. Debe advertirse, por otra parte, que el metropolitano, en su esfuerzo por develar el misterio de los rollos, recurrió casi siempre a un compatriota. Parece que en el Oriente Medio cada iglesia es un mundo social que desconoce casi por completo a los restantes. Aun en los Estados Unidos, las congregaciones de las cuatro diferentes Iglesias sirias se mezclan poco unas con otras. Y un norteamericano se queda a veces asombrado cuando, al cruzar alguna frontera del Oriente Medio, se le interroga acerca de su ¨nacionalidad¨, puesto que tiene ya registrada su ciudadanía. Aprende entonces que ¨nacionalidad¨ significa ¨religión¨
Parece que fue sólo por casualidad que el metropolitano Samuel se puso finalmente en contacto con una institución que podía ayudarlo. Pero aun entonces el contacto resultó infructuoso. Sucedió que un doctor judío llamó al monasterio con el propósito de averiguar cuánto costaba el alquiler de un edificio que formaba parte de la propiedad de la iglesia. El metro-

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politano aprovechó la oportunidad para interrogarlo acerca de los rollos. El visitante hizo lo obvio: telefoneó a Magnes, presidente de la Universidad Hebrea. El doctor Magnes envió, algunas semanas más tarde, a dos empleados de la Biblioteca de la Universidad. Éstos dijeron que tendrían que consultar a una autoridad en la materia y solicitaron se les fotografiaran algunas columnas de un manuscrito. El metropolitano consintió, pero los bibliotecarios no regresaron. Esa misma tarde, y también enviado por el doctor, llegó al monasterio un judío tratante de antigüedades, quien recomendó que se mandaran fragmentos de los rollos a algunos de sus colegas de Europa y América. ¨Me rehusé a hacerlo¨, dice el metropolitano.
No resulta claro por qué, pese a lo que habían prometido, los bibliotecarios no volvieron al monasterio: si se debió a las dificultosas condiciones del momento o a la ausencia de E. L. Sukenik, arqueólogo principal de la Universidad. Sea como fuere, el profesor Sukenik regresó a fines de noviembre. Un jerosolimitano tratante de antigüedades, pero no el mismo que había visitado el monasterio, le dijo que algunos manuscritos provenientes de una cueva cercana al Mar Mu**to estaban en manos de un mercader de Belén. Este último era el comprador de contrabando al cual los beduinos habían llevado primeramente los rollos. Como se había enterado de que tenían algún valor, había comprado el remanente. Los rollos que lo formaban eran los tres que el metropolitano no había podido adquirir.
Los episodios que siguen están registrados en el diario de Sukenik:

25 de noviembre de 1947.
Hoy encontré a X [el tratante de antigüedades]. Se ha descubierto un libro hebreo dentro

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de una vasija.

14interior, vasijas y fragmentos de envolturas y de rollos. Sofocándose a causa del terrible calor, pues transcurría ent...
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interior, vasijas y fragmentos de envolturas y de rollos. Sofocándose a causa del terrible calor, pues transcurría entonces la segunda semana de agosto, ambos hombres pasaron una noche en la caverna; pero, como sólo habían llevado melones para alimentarse, decidieron que no podían permanecer más tiempo allí. No procuraron siquiera sacar una de las grandes vasijas de barro, como al comienzo habían esperado hacer . Los beduinos, sin embargo, se habían llevado dos y las habían usado para transportar agua.
El problema que se presentaba ahora consistía en descubrir el contenido de los manuscritos y su antigüedad. El metropolitano Samuel consultó con un sirio, al que había conocido en el Departamento Palestinense de Antigüedades, y con un sacerdote francés de la Escuela Bíblica Dominica, centro de investigación arqueológicas situado en el Viejo Jerusalén.
El profano no puede menos de sentirse impresionado por la frecuente repugnancia de los eruditos a aceptar los descubrimientos importantes. En relación con el fracaso de los doctos, primero para reconocer, luego para admitir, la antigüedad de los rollos del Mar Mu**to, el profesor W. F. Albright, de la Universidad de Johns Hopkins, ha señalado que ¨personajes sobresalientes relegaron en su tiempo al reino de la ficción el descubrimiento de Pompeya y Herculano; que algunos arqueólogos y muchos filólogos más rehusaron aceptar, durante décadas después del comienzo de las excavaciones de Hissarlik [antigua Troya], los resultados estratigráficos a que habían llegado Scliemann y Dörpfeld; y que el desciframiento de la escritura cuneiforme no fue reconocido por todos los eruditos conocedores de la Antigüedad hasta

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fines del siglo XIX¨. Por supuesto, ha habido falsificaciones y supercherías como los falsos libros de Livio y el suplemento a Petronio, y es necesario que el estudioso esté en guardia contra la ingenua aceptación de tales productos. Sin embargo, también está en juego aquí el natural instinto para simplificar los problemas eruditos estableciendo un campo cerrado. Indudablemente causa placer sentir que se han visto todas las pruebas o se han profundizado y resuelto las propias teorías. Por otra parte, resulta muy turbador, especialmente si se padece de limitaciones imaginativas, verse obligado a tratar con un material nuevo. En ciertos sectores, todavía se expresan dudas acerca de la autenticidad del gran poema medieval ruso de La expedición de Igor. El único manuscrito se descubrió en el siglo XVIII, y se quemó en el incendio de Moscú (1812). Afortunadamente, sin embargo, había quedado una copia. El argumento en contra del poema se basa en que no existe nada que se le asemeje; el argumento en favor de su autenticidad lo propuso definitivamente Pushkin, cuando declaró que en el siglo XVIII no había ningún escritor ruso conocido que hubiera tenido dotes o conocimientos suficientes para realizar una superchería tan brillante. ¡Cuánto más fuertes, entonces, los argumentos en pro y en contra respecto de los rollos! ¡Cuánto más improbable, por la otra, que alguien intentara un fraude tan elaborado!
Para comprender la importancia de los manuscritos del Mar Mu**to y la terca incredulidad de los eruditos es necesario advertir que, salvo uno o dos fragmentos, el texto más primitivo que se posee de la Biblia hebrea es el llamado Texto Masorético, el cual,

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aunque probablemente ya había sido redactado a principios del segundo siglo a. C., no se remonta más allá del siglo IX de la era cristiana. Las principales versiones de la Escritura anteriores a tal fecha son la alejandrina de los Setenta, traducción al griego que se supone fue comenzada hacia el tercer siglo a. C. y acabada apenas doscientos años más tarde, y la Vulgata latina de San Jerónimo, perteneciente al siglo IV. Todo nuestro conocimiento de la palabra bíblica se ha basado hasta ahora en este antiguo texto cristiano y en estas dos traducciones posteriores, junto con un Pentateuco samaritano, algunos extractos de primitivas versiones en arameo, y las citas griegas de Justino Mártir en su diálogo con el rabino Trifón. Todas éstas han sido muy discutidas, puesto que difieren entre sí de modo que parecen indicar que fueron hechas a partir de versiones diferentes al Texto Masorético. Se necesitaba valentía, pues para enfrentarse con materiales nuevos, cuya existencia no se había siquiera imaginado. ¨En ninguno de los episodios similares de los dos siglos pasados..., continúa el profesor Albright, hubo tan franca resistencia por parte de los eruditos para aceptar una prueba contundente.¨
Los primeros expertos consultados por el metropolitano Samuel no le dieron ninguna esperanza. Los dos arqueólogos más diestros eran entonces, en esa parte del mundo, el señor G. Lankester Harding, del Departamento de Antigüedades de Transjordania y el padre Roland de Vaux, de la Escuela Bíblica; pero el segundo estaba en ese momento en París, y el metropolitano no consiguió entrevistarse con el primero. Las personas a quienes vio en las instituciones nombradas le dijeron que el asunto era inaudito: los manuscritos no podían ser antiguos. Según parece, no se hizo esfuerzo alguno para leerlos hasta que el me-

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El Metropolitano Samuel10.corriente a nado. Se dirigían ahora a Belén para venderlas en el mercado negro y habían ido al...
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El Metropolitano Samuel
10.
corriente a nado. Se dirigían ahora a Belén para venderlas en el mercado negro y habían ido al Mar Mu**to con el fin de abastecerse en la fuente de Ain Freshkha, cuya fresca agua era la única que podía encontrarse en muchos kilómetros a la redonda en región tan caliente, seca y desolada. Era imposible que los descubrieran en esa localidad sin atractivos a la cual nunca iba nadie. Vendieron el contrabando en Belén, donde mostraron los rollos al mercader que los compraba. Éste, no entendiendo de qué se trataba, se negó a pagar las veinte libras que pidieron por ellos. Los beduinos llevaron entonces los rollos a otro mercader, de cuyos artículos se proveían habitualmente. El hombre, que era sirio, pensó que la lengua en que estaban escritos podía ser siriaco antiguo, y, por intermedio de un compatriota, se comunicó con el metropolitano de la iglesia Siria que se encontraba en el monasterio de San Marcos, situado en el Jerusalén Viejo.
El metropolitano Mar Athanasius Yeshue Samuel se mostró muy interesado. Sabía que nadie había vivido en las cercanías de Ain Feshkha desde las primeras centurias cristianas. Además, lo habían impresionado las afirmaciones de los visitantes, quienes decían que los rollos estaban ¨envueltos como momias¨. Cuando le trajeron uno al monasterio, separó un fragmento y lo quemó. Pudo comprobar por el olfato que el material era pergamino o cuero. Reconoció que el texto estaba en hebreo. Sin embargo, no siendo docto en tal lengua, le fue imposible descubrir el sentido del manuscrito. Anunció que compraría los rollos, pero, mientras tanto, los beduinos se habían ausentado para realizar otra expedición. Pasaron algunas semanas. En julio uno de los sirios se comunicó con el metropolitano y le dijo que iría

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con los beduinos para llevarle los rollos. El metropolitano los esperó toda la mañana y finalmente se fue a almorzar. Entonces llegaron los visitantes y fueron despedidos de la puerta. El sacerdote que se había rehusado a recibirlos dijo a Mar Athanasius Yeshue Samuel que algunos árabes de ruda apariencia habían traído unos rollos sucios y viejos y que, como vio que estaban escritos en hebreo y no en siriaco, les había indicado que fueran a la escuela judía. El metropolitano se puso inmediatamente en contacto con el sirio que había traído a los beduinos. Supo con disgusto que éstos, después que los despidieron, habían mostrado los rollos a un mercader judío que encontraron en la Puerta de Jaffa. El mercader les había afrecido un precio que ellos consideraron excelente; pero les había explicado que, para cobrarlo, debían ir a su oficina en la calle de Jaffa, en la Ciudad Nueva, predominantemente judía.
Ahora bien, en el verano de 1947 Jerusalén estaba ya muy dividida a causa de los bando árabes y judíos. En su esfuerzo por favorecer a los primeros y mantenerlos fuera de las manos de Rusia, los británicos habían obstaculizado a los refugiados europeos el desembarco en puertos palestinenses. Esto causó aún mayores dificultades a los emigrantes y provocó también gran número de muertes. En represalia, los judíos organizaron un grupo terrorista que se dedicó a matar soldados ingleses. Los ingleses, por su parte, colgaban a los terroristas. Los judíos se vengaban poniendo bombas y minas, y dejaban la cuerda de un ahorcado en los lugares donde actuaban. Los ingleses secuestraron entonces a un muchacho de dieciséis años, de quien se sospechaba que pertenecía al grupo Stern. Los judíos creyeron que había sido torturado y mu**to; el cadáver nunca fue encontrado. Los terro-

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ristas perforaron con dinamita los muros de la cárcel donde los ingleses habían tenido encerrados a los prisioneros políticos. Algunos de los hombres que participaron en este atentado fueron cogidos y ahorcados. Los judíos, a su vez, colgaron a dos sargentos británicos y sujetaron a uno de los cuerpos una trampa explosiva.
Cuando los rollos fueron puestos en venta, las zonas judías de Jerusalén se encontraban bajo la ley marcial. Como consecuencia, el mercader sirio que quería los rollos para llevarlos al monasterio no tuvo dificultad en convencer a los beduinos de que el mercader judío les tendía una celada y de que, una vez fuera de la base y no bien estuvieran en la calle de Jaffa, los despojarían de su propiedad y los aprisionarían. El sirio mencionó también la ley palestinense según la cual las antigüedades recientemente descubiertas debían declararse de inmediato al gobierno. Indujo además a los beduinos a que dejaran cinco de los rollos en su tienda y los llevaran más tarde al monasterio. Allí los adquirió el metropolitano junto con unos pocos fragmentos. Pagó por ellos un precio que nunca se ha hecho público, pero que, según los rumores, no pasó de cincuenta libras.
Se ha acusado a Mar Athanasius Yeshue Samuel de que procedió con dolo en los tratos referentes a los rollos del Mar Mu**to; pero si a veces ha puesto en práctica algunas estratagemas, creo, sin embargo, que se debió al deseo de no mostrar sus cartas, hecho habitual en el Oriente Medio, donde es requisito mínimo y rutinario que todo negocio se base en una convención de regateo. Yo diría que el metropolitano no pecó de inteligente sino de ingenuo. Veremos más tarde que, a causa de su desconocimiento del mundo occidental, tardó bastante en lograr un

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provecho proporcionado al valor de sus adquisiciones únicas. Sin embargo, es necesario reconocer que merece inmenso crédito, especialmente si se toma en cuenta el capítulo de ineptitud que sigue, por haber tenido el buen sentido de advertir que los hasta entonces desconocidos manuscritos de la deshabitada región del Mar Mu**to resultarían probablemente de interés y por haberse mantenido firme en su convicción a pesar del descorazonamiento.
Con su negra y abundante barba, con sus redondos, grandes y pardos ojos líquidos, con su mitra de raso en forma de cebolla, con sus ropas negras de amplias mangas y con la gran cruz de oro y el icono de la virgen que prenden de su cuello sostenidos por cadenas, el metropolitano, que carece de la grosura y palidez habitual en los sacerdotes, es un hombre notablemente guapo que nos recordaría un bajo relieve asirio, si su expresión no fuera gentil en lugar de cruel. Su porte es digno, sencillo y tranquilo, con algo de infantil. No es en modo alguno un ¨intelectual¨. No tiene especiales intereses eruditos, pero es muy devoto de su Iglesia, la Jacobita Siria, que antecede con mucho a la griega y que se jacta de que su estirpe proviene directamente de la santa sede de Antioquía, fundada por San Pedro, y que dominó en un tiempo todo el Oriente cristiano. Dicha Iglesia es una de las cinco que tienen representación permanente en el templo del Santo Sepulcro, y se supone que el monasterio de San Marcos se encuentra en el lugar que ocupó la casa donde se celebró la Última Cena.
En cuanto el metropolitano Samuel compró los manuscritos hebreos, envió a uno de sus sacerdotes acompañado por el mercader para que comprobara la veracidad del relato acerca de la cueva. La encontraron en el sitio indicado por los beduinos y, en su

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