09/04/2026
*¿Cómo pretenden juzgar la regla Sub-21, si en este fútbol los únicos que tienen licencia para equivocarse son los rocos?”
Al joven lo meten por cumplir una regla, no por convicción. Y apenas falla una, le caen encima la prensa, el técnico y el sistema. Aquí el muchacho no tiene derecho a aprender; tiene que entrar hecho, maduro y consolidado desde el primer partido, mientras al veterano le perdonan errores, ritmo, malas decisiones por pura costumbre, nombre y cartón viejo.
La regla Sub-21 no es el problema. El problema es un torneo de 10 equipos, técnicos amarrados a los mismos de siempre, clubes acomodados en la zona de confort y una cultura futbolera que sigue creyendo que experiencia es aguantar hasta que el cuerpo diga basta. Así no se forma relevo; así se van triturando generaciones.
Y seamos serios: además del poco talento que produce este país, solo un equipo medio tiene hoy las condiciones para sacar jóvenes de verdad, y aun así le ha costado. Ahora imagínense los demás. Ese es el tamaño del problema. Aquí ni sobra talento, ni sobran estructuras, ni sobran procesos. Entonces, cuando por fin aparece un muchacho con condiciones, en lugar de cuidarlo, acompañarlo y darle contexto, lo tiran al fuego para cumplir una regla y después lo señalan cuando se quema.
Luego nos sorprendemos cuando los pocos jóvenes que resaltan terminan siendo mejor vistos por técnicos extranjeros que por los de aquí. Afuera les ven proyección; aquí les ven un riesgo para el puesto, para el resultado del domingo o para el discurso de la conferencia.
El problema no es la regla. El problema es que nuestro fútbol sigue atrapado, enchapado a la antigua, adicto al pasado y enamorado de los veteranos como si fueran eternos. Aquí a algunos los quieren volver inmortales. Dios guarde hubiéramos tenido a Marcelo, Ramos o Casemiro, porque en este medio los ponen hasta con muletas y todavía salen a decir que “la experiencia no se reemplaza”.
Así no va a haber cambio generacional nunca. No porque no existan jóvenes, sino porque este fútbol no tolera el error juvenil, pero sí le rinde culto a la decadencia veterana.