09/01/2026
El negocio que los dirigentes no quieren ver
La venta de Kenay Myrie al FC Copenhague por un millón de euros —con un 15% de plusvalía futura para Deportivo Saprissa, según La Nación— debería ser celebrada como un caso de éxito. Pero en realidad desnuda una contradicción profunda y peligrosa del fútbol costarricense: sí sabemos vender talento, pero no sabemos creer en él.
Kenay no fue un proyecto perfecto. Falló, se equivocó en varias ocasiones hasta salió de cambio al 45’ incluso quedó expuesto en algunos partidos Y aun así, Saprissa tomó una decisión que casi ningún club en Costa Rica se atreve a tomar: sostener al joven, darle minutos, continuidad, confianza y proyección. Una apuesta completa …
El resultado es evidente: hoy hay réditos deportivos y económicos reales. Europa no compró casualidad; compró proceso, potencial y minutos en Primera División.
Entonces, ¿por qué este caso sigue siendo la excepción y no la norma?
En los clubes del país hay jóvenes con condiciones similares —o incluso superiores— que no tienen espacio arriba. No porque no sirvan, sino porque el sistema sigue privilegiando:
• Estamos llenos de extranjeros de bajo impacto,
• jugadores “de experiencia” ya en declive y sostenidos por “agradecimiento” y compasión
• soluciones cortoplacistas que solo calman la urgencia del próximo torneo, aunque al final el resultado sea el mismo de torneos anteriores fracasando.
Esta mentalidad es miope. El verdadero negocio del fútbol moderno está en la formación con PROYECTO, no en el parche. Mientras otros mercados entienden que un juvenil necesita errar para crecer y confianza, aquí en CR el error se castiga con banca, préstamo sin seguimiento o desaparición silenciosa.
Lo más grave es que los dirigentes ven de cerca el fenómeno y aun así no reaccionan. Los números están ahí: ventas, porcentajes futuros, visibilidad internacional. Pero no hay estructuras claras, ni planes deportivos a cinco años, incluso ni para ver más allá de una clasificación a otra eliminatoria, ni métricas de desarrollo individual. Se sigue compitiendo “como antes” en un negocio que ya cambió.
Si no hay un giro serio metodológico, dirigencial y cultural— el mensaje será devastador: Costa Rica seguirá viendo Mundiales por televisión. No por falta de talento, sino por falta de proyecto y oportunidades.
El talento existe; lo que no existe es el coraje dirigencial para apostar por él.
Kenay Myrie no es solo una venta.
Es una advertencia.
Y también una oportunidad que el fútbol nacional no puede seguir ignorando, el hoy lleva el estandarte de los jóvenes prospectos del fútbol tico que piden a gritos un proyecto serio.