24/11/2025
Ayer vivimos una ruta que se sintió como abrir la puerta a un pequeño tesoro escondido. Desbloqueamos un camino nuevo y aunque el paisaje, los cafetales, el entorno y la vista ya eran un regalo de por sí, lo verdaderamente especial fue compartirlo con nuestros queridos Riders, esos amigos que convierten cualquier trayecto en un recuerdo que se guarda en el corazón.
El clima, como buen narrador de aventuras, también quiso participar: no estaba despejado y rodamos entre nubes, pero esa neblina suave que nos envolvía le dio a la montaña un aire místico, como si cada curva susurrara historias antiguas y nos invitara a seguir avanzando con el alma despierta.
Arrancamos con el grupo Julietas y Romeos, que con su energía tan bonita nos guiaron hasta la entrada del destino que tanto queríamos conocer: el Mirador Puerto Sol, por la vía a La María, vereda Ambalá. Desde ese punto continuamos mujeres y hombres en bici, rodando juntos, impulsándonos, cuidándonos y celebrando cada metro conquistado, porque cuando cada grupo aporta su energía, la ruta se llena de magia.
Al llegar al mirador, sus propietarios nos recibieron con un cafecito campesino y un desayuno que, después de tantos kilómetros, sabe a gloria pura y a recompensa del alma. Fue uno de esos momentos simples pero perfectos que solo la bici sabe regalar.
Y como si la aventura necesitara un final épico, al concluir la ruta le agregamos Calambeo y luego subimos hasta la Plaza de Bolívar, donde cerramos la jornada con una deliciosa Coca-Cola y pancito, celebrando lo vivido, riéndonos del cansancio y agradeciendo por otro día.
Un abrazo enorme, mis queridos Riders. Los queremos montones. Gracias por cada kilómetro, por cada risa y por la energía tan bonita que le ponen a todo.
Que tengan una semana maravillosa… y recuerden: en la vida y en la bici, no olviden hacer todo con mucha potencia. 🚵♀️🚵🏻♂️🚵💕