28/02/2026
En el ajedrez tolimense de vez en cuando aparecen personajillos de dudosa procedencia y de oscuras intenciones, que, escudándose en procesos que ellos desconocen y aprovechándose de los logros de deportistas que ellos no ayudaron a crear ni a formar, haciendo gala de su supina ignorancia en temas deportivos y dirigenciales, creen que van a salvar nuestro deporte de las garras de fantasmas que ellos mismos han inventado y contra los que, supuestamente, se debe luchar en una especie de cruzada donde ellos son los únicos salvadores y beneficiarios.
Generalmente estas personas son reconocidos mantenidos, trepadores y arribistas que creen que ganan renombre y autoridad esparciendo chismes, comentarios tendenciosos, verdades a medias, desinformando a la comunidad ajedrecística y a incautos con palabras y acentos rimbombantes, denigrando a personas que si han conseguido, tradicional e históricamente, logros tangibles para el ajedrez tolimense a pulso y mediante un trabajo continuado.
Son, por lo general, personas que no pueden brillar con luz propia sino que necesitan escupir su suciedad interna, sus tinieblas sobre los demás para ellos poder destacarse. Están acostumbrados también a maltratar gente, a callar a los demás de un grito, a imponerse con un lenguaje corporal grotesco, a involucrar en sus peleas mezquinas a niños y niñas.
Estos aspirantes a "dirigentes" deportivos no tienen ni idea de cómo se crea, cómo se forma, cómo se promociona hasta llegar a la cumbre, a un deportista en nuestro bello deporte. No saben de procesos pedagógicos de enseñanza-aprendizaje ni de conversión de conocimientos en habilidades, ni de planeación deportiva, ni de creación de planes, programas y proyectos para la masificación del deporte o para la conformación de grupos élite ni de su evaluación y optimización de procesos, piensan que un ajedrecista se forma "jugando y jugando y jugando" y por eso creen que la solución está en hacer y hacer y hacer torneos, sean o no parte de un plan para el mejoramiento deportivo.
Lamentablemente, hoy, nuestra comunidad ajedrecística debe tomar una decisión histórica que cambiará el rumbo del ajedrez del Tolima durante los próximos 10 años: elegir entre personas que necesitan de la intriga, de la envidia, del mal hablar, de difundir informaciones falsas del deseo de destruir a los demás por su deseo de figurar y ser autores de una novela que no han escrito ni han ayudado a escribir o de personas que han hecho y hacen ajedrez, que tienen sitios de enseñanza reconocidos, que han abierto espacios en instituciones educativas, en escenarios que eran ajenos al ajedrez, que han apoyado o realizado procesos que son conocidos, que tienen el respaldo y el cariño de deportistas destacados y el aprecio de una comunidad ajedrecistas sana y sin rencores.
Es una decisión que nadie puede tomar por nosotros, una decisión que no se compra ni se vende, ni se pone a paz y salvo a la fuerza y con papeles mentirosos. Una decisión que no depende de quien crea más organismos deportivos de papel, dos y tres en un mismo municipio, una decisión que no depende de los chismes de profesionales fracasados, es una decisión de NOSOTROS para NOSOTROS.