07/02/2026
Me llamo Bärbel.
Un nombre alemán que, desde que tengo memoria, ha despertado preguntas, confusión e infinidad de intentos fallidos de pronunciarlo.
Durante mucho tiempo eso me causó inseguridad. Sentía que era muy diferente. Sentía que era muy diferente y anhelaba por tener un nombre “normal”
Con los años entendí algo.
Mi nombre no era algo que debía esconder o justificar. Es parte de mi historia y de quien soy.
Y esa misma diferencia que antes veía como una debilidad terminó convirtiéndose en una de mis mayores fortalezas.
Soy orgullosa de ser mexicana.
Por mis raíces.
Por mi cultura.
Por la forma en la que crecí.
Pero mi identidad es mucho más que un nombre extraño o un lugar de origen.
También está formada por las experiencias que he vivido, las personas que me han marcado y, sobre todo, por las decisiones que tomo todos los días.
Y eso me hizo pensar…
¿Cuánto de nuestra identidad heredamos y cuánto construimos?
No elegimos dónde nacemos ni el nombre que recibimos.
Pero sí elegimos, todos los días, la persona en la que nos estamos convirtiendo.
Cada decisión cuenta.
Cada hábito.
Cada promesa que decides cumplirte.
Con el tiempo, esas acciones dejan de ser algo que haces y empiezan a convertirse en parte de quien eres.
Y eso también pasa con el fitness.
No vas al gimnasio porque un día te sientes motivado.
Vas porque, poco a poco, construyes la identidad de alguien que prioriza su salud, que cumple su palabra y que decide cuidar de sí mismo.
Creo que esa es una de las cosas más bonitas de la vida.
NUNCA dejamos de construir nuestra identidad.
La pregunta es…
¿Las decisiones que estás tomando hoy reflejan la persona en la que quieres convertirte? 🤍