26/03/2026
𝕻𝖗𝖔𝖇𝖆𝖇𝖑𝖊𝖒𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖘𝖊𝖆 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖋ú𝖙𝖇𝖔𝖑…
Dicen algunos. Que es un simple partido, que son 90 minutos y nada más. Pero hoy no. Hoy es distinto.
Hoy no solo juega la Verde… Hoy juega Bolivia.
Hoy salen 11 a la cancha, pero detrás de ellos laten más de 11 millones de corazones que no se rinden, que no se cansan, que no abandonan. Corazones que saben lo que es luchar cada día, trabajar de sol a sol, caer y levantarse, resistir y seguir adelante.
Porque así somos los bolivianos. Guerreros silenciosos. Trabajadores incansables. Soñadores tercos que, aunque todo parezca difícil, seguimos creyendo.
Y hoy… creemos.
Creemos en cada pase, en cada barrida, en cada pelota dividida como si fuera la última. Creemos aunque no sepamos de táctica, aunque no entendamos de esquemas. Porque cuando juega la selección, todos nos volvemos técnicos, analistas, críticos… pero sobre todo, nos volvemos país.
Armamos nuestro once ideal en la cabeza. Discutimos convocatorias. Soñamos alineaciones.Y aunque ya esté la lista, seguimos sintiendo que también estamos convocados.
Porque lo estamos.
Estamos en la polera, en la bandera, en la cara pintada. Estamos en el estadio o frente a una pantalla. Estamos con pipocas, refresco o lo que haya. Estamos en la radio, en el celular, en cada rincón donde alguien diga: “ya empieza”.
De visitante o de local… no importa. Siempre estamos.
Algunos tendrán la fortuna de alentar de cerca, de gritar hasta quedarse sin voz. Otros, desde lejos, con el corazón apretado y la emoción al límite. Pero todos, absolutamente todos, jugando el mismo partido.
Y cuando es en casa… Cuando el gigante miraflorino late… Cuando el himno retumba… Cuando la piel se eriza…
Ahí entendemos que esto nunca fue solo fútbol.
Es identidad. Es orgullo. Es historia.
Han pasado 32 años… Treinta y dos años de espera, de frustraciones, de “casi”, de volver a empezar. Y hoy… estamos cerca.
Tan cerca que duele. Tan cerca que emociona. Tan cerca que asusta… pero también nos llena de fe.
Hoy no es un partido más. Es una final. Es una oportunidad. Es una ilusión que se niega a morir.
Que digan lo que quieran. Que critiquen, que duden, que señalen.
Nosotros creemos.
Creemos en esos 11 que van a dejar la vida en cada jugada. Creemos en esos jugadores que cargan sueños, críticas y esperanzas. Creemos en que no son “troncos”… son guerreros. Y hoy tienen la oportunidad de escribir historia.
Pero no están solos.
Hoy juega Bolivia. Y Bolivia nunca se rinde.
Hoy se gana con el alma. Hoy se lucha con el corazón. Hoy se juega como vivimos: con coraje, con sacrificio y con fe.
Porque las finales no se juegan… las finales se viven. Y las finales… se ganan y hoy es una final. Ayala Cristian