27/02/2026
Furitama (1/3) – Lo que revela el cuerpo
Antes de comenzar sus clases, Morihei Ueshiba se paraba firme, juntaba las palmas a la altura del hara, y comenzaba a sacudirlas suavemente, como si algo vibrara entre sus manos. Este gesto, llamado furitama (振魂 – “sacudir el alma”), no era calentamiento. Era el inicio de todo.
Desde fuera parece algo simple. Pero cuando le pedís a alguien que lo haga por primera vez, algo aparece al instante: tensión.
La rigidez en los hombros, el cuello apretado, los codos que se elevan, la mandíbula trabada. No importa cuán fuerte sea el practicante: ese movimiento revela sin filtro el estado real del cuerpo.
Furitama no se trata de mover las manos: se trata de soltar lo innecesario.
El movimiento nace desde el centro, no desde los dedos. No se empuja ni se agita: se vibra. Si hay tensión, no fluye. Si hay distracción, se disipa.
O Sensei lo hacía con una presencia casi inmóvil, como si el gesto brotara solo. Para él, este ejercicio no era simbólico: era funcional. Su propósito era centrar el cuerpo, aquietar la mente y entrar en estado de keiko. Nada más. Nada menos.
Cuando un dojo comienza con furitama, no es para imitar una ceremonia. Es una oportunidad directa: ¿cuánta tensión traés puesta hoy?
El cuerpo lo muestra enseguida.
(Continuará…)
Gabriel Benitez©