19/08/2026
Buen día. Quería tomarme un momento, entre el partido de ayer y el día de hoy, para poder escribir estas palabras y plasmar un poco lo que siento —lo que sentimos— después de todo lo que vivimos.
He visto, a lo largo de todos estos años, jugadores rasgarse el lomo por esta camiseta y después irse, con la cabeza gacha, a otro club por unos pesos más, para luego venir a jugar contra nosotros dándolo todo.
He visto hablar mal de directores técnicos que con nosotros no lograron nada. Y no siempre porque no pudieron, sino porque no quisieron, porque no entendieron lo que significa dirigir frente a esta hinchada.
He visto a más de una persona hacer y deshacer a su antojo, simplemente porque Independiente Rivadavia pasó muchos —realmente muchos— años en la B Nacional o, peor aún, en el Federal A.
He escuchado a muchos hinchas juzgarnos, poner en duda nuestro valor primero como hinchada y después como institución. Porque si nosotros éramos grandes cuando no teníamos absolutamente nada, imagínense cómo nos sentimos ahora.
Pero nunca vi lo que Alfredo Jesús Berti logró en estos años en Independiente Rivadavia.
Y ojo: no somos necios ni nos olvidamos de los técnicos que también dejaron su huella. El gran Gabriel Gómez, por ejemplo. Tampoco nos olvidamos de esos jugadores que marcaron un antes y un después en nuestro cariño y que, aunque quizás no llegaron a ver hasta dónde nos llevaría este proceso, fueron parte fundamental de todo esto. Cristian Aracena y nuestro querido Diego Tonetto son algunos de ellos.
Pero Berti entendió algo que no todos pudieron entender: acá no se juega solamente con los jugadores. Acá también se juega con la hinchada.
Nosotros exigimos y él nunca nos ignoró. Nos llevó hasta donde siempre soñamos.
2023: Ascenso a Primera División, con un plantel de la reputísima madre.
2025: Campeón de Copa Argentina, con todo en contra. El viejo nunca desistió.
2026: Octavos de final de COPA LIBERTADORES. El primer equipo mendocino en llegar a esta instancia en su debut.
¿Hay algo para reprocharle al equipo? Para mí, no. A nadie, en realidad.
Esto también es fútbol. A veces alcanza y a veces no. Y cuando no se puede, lo que uno se lleva en el corazón es mucho más que el resultado: se lleva todo lo que vivió gracias a lo que pasó dentro de una cancha.
Pero sí quiero destacar algo.
Esto que ustedes ven ahora, nosotros lo vimos desde siempre.
Independiente Rivadavia nunca jugó en silencio.
Nunca su hinchada lo dejó de lado. Ni en las malas. Ni cuando jugábamos partidos dependiendo de otros equipos para no descender. Ni cuando estuvimos al borde de caer una y otra vez. Ni cuando no había plata para pagarles a los jugadores. Ni cuando había diferencias en las tribunas. Ni cuando nuestros presidentes no tenían dinero para invertir en nuestros espacios.
Pese a todo.
Nosotros nunca abandonamos.
Porque no conocemos otra cosa que no sea alentar a Independiente Rivadavia.
Por eso quiero agradecerle a todo este plantel. También a los que ya no están, porque gracias a ellos también estamos acá.
A nuestros dirigentes. A quienes ayudan desde los lugares más recónditos del club. A esos jugadores que volvieron y que, increíblemente, siguen sin guardarse absolutamente nada. Porque ellos también saben que pueden más. Muchísimo más.
A la familia de nuestro DT. A la familia de cada persona que ocupa un lugar, incluso en esos espacios más privados del club.
Y a los hinchas.
Papá, siempre a los hinchas.
Y, por sobre todas las cosas, gracias al honorable y glorioso Club Sportivo Independiente Rivadavia, por habernos hecho vivir nuestra primera Copa Libertadores. Algo que, hace 25 años, parecía completamente impensado para cualquiera de nosotros.
No me afloje, Caudillo.
Ahora hay que pensar en Copa Argentina.
Una copa que sabemos cuánto pesa y que, gracias a Dios, también está en casa.
¡ARRIBA LA LEPRA! 💙🤍💙