27/08/2026
El sábado 22 de agosto por fin había llegado y, con él, el día de la muestra, ese día para el que habíamos ensayado las coreografías con tanta dedicación y entusiasmo.
De a poco, las nenas, con sus familias, fueron llegando a nuestro lugar de encuentro, con sus tutús rosas, sus rodetes, sus brillitos y sus zapatillas de media punta.
Nos llenaba de emoción ver a nuestras pequeñas bailarinas tan llenas de energía e ilusión.
Y al llegar nuestro turno, nuestro momento tan ansiado de subir al escenario, supe una vez más, y más que nunca, que había nacido para la danza y, en especial, para enseñar a las peques a bailar y a sentir por ella mi mismo cariño.
Y vivimos realmente una fiesta, una tarde espléndida, con el sol iluminando nuestra actuación y la felicidad haciendo latir fuerte nuestro corazón.
Fue increíble ver a las nenas bailar, pero en especial fue maravilloso verlas disfrutar de cada movimiento, que, más allá de reflejar todo lo aprendido, reflejaba en sus caritas el enorme placer de estar disfrutando de la danza, de la música y de ese maravilloso momento de compartir lo que tanto habían preparado.
Gracias a Dios y a la vida por esa tarde mágica...