02/04/2025
DÍA DEL VETERANO Y DE LOS CAÍDOS EN LA GUERRA DE MALVINAS
El 2 de abril fue declarado Día del Veterano y Caídos en la guerra de Malvinas según Ley 25370 del año 2000. La dictadura que por aquellos días llevaba seis años en el poder comenzaba a exhibir claros signos de desgaste. El tercer presidente de facto del llamado Proceso de Reorganización Nacional era el general Leopoldo Fortunato Galtieri.
La tensión social iba en aumento; el 30 de marzo, una manifestación sindical convocada bajo la consigna “Paz, pan y trabajo” había sido duramente reprimida en las adyacencias de la Plaza de Mayo en Buenos Aires. El clima de descontento impulsó a la Junta Militar a recurrir a una providencial tabla de salvación: ocupar las islas Malvinas, una maniobra que, según sus mentores, devolvería a las Fuerzas Armadas parte del prestigio perdido y las oxigenaría para perpetuarse en el poder o, al menos, encontrar una salida honorable. Las negociaciones con el Reino Unido se hallaban estancadas, aunque los militares creyeron contar con la complacencia del republicano Ronald Reagan, sin reparar en los lazos estratégicos que unían a los EE.UU. con Inglaterra y sus aliados de la OTAN. Descartaban que el gobierno británico, de la más rancia estirpe conservadora, reaccionaría del modo que lo hizo, enviando una poderosa flota al Atlántico Sur.
Cuando aún resonaban los ecos de la movilización aludida, la Junta Militar decidió poner en marcha la “Operación Rosario”, llamada así en alusión a la Virgen. En las primeras horas del 2 de abril, las bisoñas tropas argentinas —la mayoría eran jóvenes de entre 18 y 20 años— desembarcaron en las islas y ocuparon Puerto Stanley —Puerto Argentino, a partir de ese momento—, donde una modesta guarnición inglesa no ofreció resistencia. Pese a que la decisión fue adoptada por un gobierno ilegítimo, despertó en el pueblo argentino el hondo sentimiento nacional que encierra la causa Malvinas y la recuperación de la soberanía despojada en 1833. “¡Argentina, Argentina!” rugía la misma plaza repleta de gente que poco antes había repudiado a los dictadores de turno; en el mismo lugar donde cada jueves un grupo de madres reclamaban por sus hijos secuestrados por los mismos militares que ahora saludaban exultantes a la multitud desde los balcones de la Casa Rosada.
La gente ganó calles y plazas para expresar su apoyo a lo que consideraban una causa justa; el país enteró se embanderó de celeste y blanco y salió a relucir el espíritu nacionalista, soliviantado por el discurso oficial y la prédica empalagosa de algunos comunicadores. Se donaba joyas y dinero, los niños escribían cartas y enviaban golosinas a los soldados, las instituciones civiles se pronunciaban a favor.
La primera fase del operativo en tierra malvinense se desarrolló sin mayores inconvenientes, quedando el general Mario Benjamín Menéndez a cargo del gobierno del archipiélago. El gobierno de Margaret Thatcher, pasado el estupor inicial, reaccionó enérgicamente, en tanto que la Organización de las Naciones Unidas no tardó en propinar el primer revés a las ilusiones de la Junta: la Resolución 502 dispuso el cese de las hostilidades y la retirada inmediata de las fuerzas argentinas de las islas. Casi todas las potencias occidentales apoyaron al gobierno inglés, incluido el Chile de Pinochet, que puso a disposición su territorio. Mientras Alexander Haig, el emisario de Reagan, ensayaba una mediación vana, desde Inglaterra partía la Task Force comandada por el príncipe Andrés. “¡Qué venga el principito!”, alardeaban medios y comunicadores adictos, replicando el ensoberbecimiento de la cúpula militar. A partir de ese momento no hubo retorno: la Argentina marchaba inexorablemente a una confrontación con una potencia mundial para la que no estaba preparada. La gente no tenía la obligación de saberlo; los militares sí.
El enemigo dio un ultimátum y fijó una zona de exclusión de 200 millas marítimas alrededor de las islas; todo lo que se encontrara dentro de ese perímetro sería considerado una amenaza y, por ende, atacado. El hundimiento del crucero ARA General Belgrano echó por tierra las últimas gestiones de paz y despeñó la guerra hacia su trágico final. A partir de ese momento, los británicos, decididos a liquidar el pleito cuanto antes, pusieron en marcha una escalada arrolladora que culminó el 14 de junio de 1982. Murieron 649 combatientes, 323 de ellos en el hundimiento del ARA General Belgrano; más las bajas registradas en años posteriores, la mayoría por suicidios.
Que las Malvinas fueron, son y serán argentinas es una irrefutable verdad histórica, jurídica y geográfica. El archipiélago forma parte de la plataforma continental y nos ampara el Derecho Público Internacional. El aventurerismo de quienes embarcaron al país en aquella guerra no desmerece el patriotismo de oficiales, suboficiales y soldados que lucharon en esa guerra y que hoy se los recuerda en su Día.
Honor y gloria a todos ellos....